Las personas tenemos diferentes maneras de enfrentar el dolor, la mía fue callar, pensaba que, si no pronunciaba su nombre, si no le contaba a nadie no se haría una realidad, era un mecanismo para sobrellevar el dolor que causaba una historia que terminó antes de empezar. Llevaba tres días encerrada, metida debajo de unas mantas que aun olían a él, su olor y el llavero nuevo de mi cerradura era lo único que me decía que esa noche no fue un sueño. Tenía que volver al trabajo, tenía que empezar a trabajar en la nueva colección, debía dejar todo lo que sentía en algún lugar de mi corazón y hacer de cuenta que nunca existió. Me vestí como siempre desde que trabajaba en la galería, llevaba uno de sus diseños, mi maquillaje no reflejaba nada, tan solo a una mujer con ganas de trabajar, de

