Capítulo 3

1563 Words
Antes de salir de la escuela de diseño y con un título debajo del brazo, pensaba que los diseñadores de la alta costura iban a pelearse por tenerme en su staff, pero fue una bofetada en toda la regla, porque no os imagináis lo que me costó encontrar trabajo. A todos los ateliers que visitaba se quedaban con mi curriculum, mi pequeño catálogo con algunos de mis diseños y con la promesa de llamarme.   Hacía casi un mes que sucedió lo inesperado cuando había perdido toda esperanza y estaba pensando volver a mi antiguo trabajo con el que pagué mi carrera y del cual no me sentía orgullosa, porque, para mí solo fue un medio para lograr un fin y del que afortunadamente nadie sabía.   – ¿Thairé Espinosa? –Sonó mi teléfono, me lo llevé a la oreja, alguien preguntaba por mí. Estaba tirada en mi sofá pensando de qué manera enfrentaría los gastos del próximo mes.  Tenía mi autoestima medianamente acabada.   –Sí, soy yo.   –Le hablamos del departamento de recursos humanos de la firma Prada, hemos visto su trabajo y nos interesa tenerla en nuestro personal…   Fue la llamada que estaba esperando y aunque en un primer momento pensé que me incorporaría de lleno en la creación de diseños no fue así, en la Galería tuve que empezar desde abajo; desde personal shopper hasta colocar estanterías, pero el salario era muy bueno y mientras hacía un trabajo observaba, me empapaba y aprendía de todos los secretos del negocio para cuando tuviera que estar delante de una mesa de diseño.   Nunca había agradecido tanto que el día llegara a su fin, estaba agotada, me dolían las piernas de subir y bajar escaleras, pero no me quejaba. Cuando vi que la hora de salir había llegado lo agradecí. En mi cara se dibujó una sonrisa cuando vi a Iam esperando del otro lado de la calle en su Seat León del año dos mil diez. Me dirigí a la puerta del acompañante y me dejé caer como un plomo. Le agradecí que viniera a por mí, no todos los días tenía humor para lidiar con los pasajeros del metro, que cada vez más en Milán se ponía asquerosamente asqueroso por la cantidad de turistas y el personal que salía de trabajar en hora punta.   La galería de Prada está ubicada en la plaza Duomo, la estación de metro queda a unos quinientos metros, en la plaza se concentra todo el conglomerado de los diseñadores con más prestigio de Italia. La plaza es el estandarte de la ciudad, junto con la catedral que representa unas de las edificaciones católicas más grande del mundo. Sirve como punto estratégico tanto en sentido geográfico como por su importancia artística, cultural y social.   Quería llegar a mi casa, cenar y echar un polvo, mis pensamientos convergían en dirección a Iam, era un chico guapo, un poco delgaducho, dos años mayor que yo, seguía viviendo  en casa de sus padres, trabajaba en un locutorio y no tenía aspiraciones, hecho que no nos dejaba construir un proyecto en común, en cambio yo siempre lo tuve; me refiero al proyecto, y quería que la persona que me acompañara en mi vuelo tuviera las alas más grande que las mías.   –Nena, ¿Qué quieres que hagamos? –Preguntó sin imaginarse la velocidad de mis pensamientos.   –Cenar y echar un polvo. –Contesté mirándolo.   – ¿En ese orden?   –No, la cena puede esperar, busca un lugar y aparca. –Nunca me había puesto límites en cuanto al sexo, ni a las cosas que me interesaban, cuando quería follar no me andaba con titubeos. Sabía que Iam y yo no nos compenetrábamos como debía hacerlo una pareja, a mí me gustaba el sexo duro, mientras que él era más apacible. Cuando aparcó en un descampado de esos que usan como aparcamiento de coches abrí su cremallera, me subí encima y lo galopé buscando saciar unas ganas que siempre estaban ahí, dormidas, no buscaba su satisfacción, buscaba la mía.   –Nena esta noche estás… –Dijo antes de meter un pezón en su boca.   –Calla y chupa, has que me derrame, lo necesito. –De acuerdo, sabía que Iam no era mi prototipo ideal, pero follábamos y aunque no veía muchos fuegos artificiales, veía algún que otro cohete cuando me derramaba, solo que esa noche solo lo hizo él.   – ¿Te has quedado a gusto? –Preguntó cuando regresé a mi asiento, y él volvió a poner en marcha el coche. El Seat León no estaba hecho para hacer el amor, pero para echar un polvo sí.   –Iam… te has derramado tú, yo no, y ni siquiera te has preocupado…–Le hice ver mientras volvía a abrochar mi cinturón –. Iam… a nuestra relación le falta algo, y sé que no eres tú, soy yo. –Sabía que lo había jodido con la típica frase de “no eres tú, soy yo”   – ¿Qué insinúas Thairé? –Preguntó asustado.   –No insinuó nada, pero… ya te he dicho que me gusta el sexo más…   –Duro –Completó él –. Ese tipo de sexo es para una persona que no te quiera Thairé, yo te amo y nunca te haría daño.   –Es que no se trata de hacer daño Iam, se trata de tener una relación donde estemos a gusto, si quieres que te mienta lo hago, pero ahora cuando me dejes en casa me masturbaré, porque no…   –Calla… –Dijo aparcando el coche nuevamente, Lo miré y decidí bajar, el trayecto que quedaba era corto, podía llegar andando y visto que se había enfadado era mejor dejar la conversación en ese punto.   –Lo siento Iam, pero siempre he dicho lo que pienso. –Dije agarrando la manija de la puerta.   – ¿Crees que no sé lo que hacía para pagarte la carrera? ¿Crees que no sé qué eres una puta, que no vales nada? Sé perfectamente de donde te sale esa vena perversa ¿Así te tratan todos tus clientes? –Preguntó cambiando el semblante. Yo me quedé fría, estática, jamás pensé que Iam pudiera saber lo que hice para alcanzar mi sueño. Llevaba más tres meses que me había alejado de todo aquello, y sabía que nunca podría olvidar lo que fuí, pero siempre había aprendido que el fin justifica los medios.   – ¿Y si lo sabias y no lo apruebas? ¿Por qué estás conmigo? Si nunca te lo he dicho ha sido para no hacerte daño y llevas razón, lo hice para pagar mi carrera, he vendido mi cuerpo, lo acepto, pero no me arrepiento, porque todo lo que he hecho ha sido justificado, deberías dar gracias que a ti nunca te he cobrado, así que vete a la mierda.   Empecé a caminar hasta mi piso cabreada,  enfadada con Iam, no tenía derecho a juzgarme, no sabía nada de mi puta vida, no sabía lo que había tenido que hacer para sobrevivir en una sociedad de mierda e intentar  ser alguien, no sabía lo que me había costado cumplir uno de mis sueños, y si no lo aprobaba era mejor mandarlo a  tomar  viento fresco, porque no sería él  quien me detuviera, ni quien  me diera lecciones de moral.   – Thairé no te atrevas a dejarme así. –Gritó después de abrir la ventanilla del lado del conductor. No respondí, ni me giré para mirarlo, saqué mi dedo medio y levanté el brazo para que lo viera. Seguí caminando hasta mi casa. ¡Jódete! Pensé. Afortunadamente al vivir sola no tenía que dar explicaciones a nadie, por suerte nunca acepté que Iam se quedara a vivir conmigo aun después de todas las veces que lo insinuó, pero si en un principio no lo hice fue para que no se enterara de mi trabajo nocturno ¡Y luego dirán que las mujeres no pensamos en todo! Llegué a mi apartamento y agradecí el silencio, en cuanto cerré la puerta principal me quité los zapatos lanzándolos lejos. Mi outfit era de Prada de la cabeza hasta los pies, requisito indispensable para las que trabajamos en la galería del Duomo. No me quejaba porque el modelo bien podría costar mi sueldo de un mes. Otras llevaban un modelo más económico, pero mi contrato era como asistente de diseño, aunque estuviera trabajando en otros departamentos haciendo otros trabajos, tenía la esperanza de estar muy pronto delante de una mesa de diseño.   Me quedé en bragas y sujetador y me dirigí a la cocina para hacerme un sándwich, mientras observaba la pantalla de mi teléfono que no dejaba de iluminarse con dos llamadas que no me interesaban; la primera porque aquella vida quedó atrás y cuando me gradué juré no volver a ella, si quería convertirme en lo que quería ser la mejor manera era ignorarla, y la segunda era de Iam y no quería hablar con él.   Cuando terminé de cenar el sándwich estaba tan cansada que me quedé toda la noche durmiendo en el sofá, así que no me fuí a la cama y tampoco me masturbé como le dije a Iam que haría. Creo que en realidad quería que pasara lo que pasó, era una buena persona, yo diría que demasiado bueno para mí.
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