Nos sentamos a la mesa con todo lo que había hecho Llul, parecía una comida para un ejército, pero nos comimos todo, Markus y yo un poco menos, pero Llul comió como por tres, necesitaba mantener ese gran cuerpo que tenía. Cuando terminamos de comer me levanté y empecé a llevar cosas a la cocina. Tenía mis brazos encima de la isleta de la cocina pensando en todo lo que estaba pasando. El capo no había muerto, estaba vivo, había regresado y me había hecho el amor como si no hubiera mañana, pero la situación no era como para tirar cohetes. – ¿Por qué? –Llul entró a la cocina trayendo el resto de los cuencos que quedaban en la mesa. – ¿Por qué, que? –Intentaba hacerse el sueco, sabía perfectamente lo que le estaba preguntando, quería que me dijera lo que Markus callaba. –No sé a q

