El corazón le iba a mil por hora. Sus ojos no resistieron tanto sentimiento así que no las retuvo y las lágrimas corrían sin parar. Ella estaba delante de alguien que sentía que no le haría ningún reproche o eso es lo que ella sentía en ese momento. Diego le había generado tanta confianza tan rápidamente que ella se sentía como en casa, cómo con un amigo de toda la vida, así como se debería sentir con su hermana. Que nada más recordarla, igual las lagrimas iban a seguir saliendo y ella no las podía mi quería detener. Anhelaba una vida normal, dónde tubiera amigos que no tuvieran interés, una hermana que no la odiara y unos padres que la amarán por lo que era y no por lo que sería. Porque ella solamente era el fruto de lo que sería una herencia, la delegada de un gran legado. Aunque a su

