Narra Emma Crecí con mucho dinero, pero mi padre tenía miedo de volar, así que no viajábamos mucho. Ir a París con Ismael parecía un sueño hecho realidad. Me sorprendió que me hubiera invitado, ya que pensé que se preocuparía por cómo se vería el mundo exterior. Pero les explicó a su personal ya mi padre que la reunión estaba relacionada con un proyecto en el que yo había trabajado, lo cual no era una mentira total, pero tampoco del todo exacto.Ahora, estábamos en un avión privado que él había contratado, volando sobre el Atlántico. Habíamos comido una cena elegante servida por un asistente que prestó mucha más atención a Ismael que a mí, aunque no podía culparla. Era un hombre guapo y sexy. Tomó la botella de champán y dos copas. —Vamos—él me dijo. Lo seguí hasta la parte trasera del

