Sin alternativa

949 Words
Camila A estas alturas de la vida, creo que lo que es para uno, ni por más que uno quiera hacer cambios o quiera hacer lo posible para que sea diferente, simplemente la vida nos da la prueba de que no hay posibilidad de alterar absolutamente nada. Y eso lo estoy viendo con Will, por meterlo en mi vida, ahora no podré sacarlo nunca, así haga lo que haga. Él jamás se irá de mi lado, pero ese indiscutiblemente es Al llegar, vi lo lujoso que era este lugar. Siempre supe que Will tenía dinero, pero no sabía que tanto. Al entrar en el apartamento, vi como Will estaba sin camisa, sus abdominales se marcaban a la perfección, él venía hacia mí con un cigarro en sus manos y una copa en la otra. Will es muy atractivo, es demasiado apuesto, sin embargo, su físico no es algo que suele impresionar a primera vista. La clase de persona que muestra en realidad, esa faceta falsa que suele llevar al principio, es sin duda lo que más impresiona. No obstante, es falso. Verlo allí hace que mis recuerdos con él salgan a flote. Me enamoré profundamente de él, tanto que lo puse en un altar inalcanzable. Pone su boca muy cerca de la mía y luego me besa, nunca pensé sentir asco por él. Will le hace señas a aquel hombre que salga y cuando eso sucede me toma del brazo y me lanza sobre el sofá. —¿Lo conseguiste preciosa? —él cuestiona mientras me da una mirada de arriba a abajo. Bajo la mirada, aún no me siento segura mirandolo fijamente a los ojos. —Sí, mañana debo ir. Pero tengo que hacer las cosas bien o de lo contrario me saca. No sé que se debe hacer, nunca he trabajado en una oficina. —Sí, eso es cierto. Para lo único que sirves es para coger… para follar como la mejor. —¿Para eso me trajiste? —Mi voz se entrecorta—. Deberías dejarme ir, al final tu mismo acabas de decirlo, no sirvo para nada más que no sea follar a idiotas como tu. —Él se ríe e inhala la mayor cantidad de cigarro que le permite sus pulmones. —Entiende vida mía, te compré. Te saqué de ese mundo en el que vivías, me debes mucho, me debes la vida. Eres mía. —¿Para que me sacaste de allí, si solo me ibas a golpear hasta el cansancio? —le dije, con mi voz desgarrando mi garganta. —Porque no soportaba ver como cada noche te ibas con uno diferente. Si te golpeo es porque lo mereces, porque quiero que entiendas que soy yo quien tiene el control. Adicional, sabes a la perfección que no solo te compré a ti, también le pago las medicinas a la enferma de tu madre, Camila no puedes irte de mi lado, porque aún no has conocido mi parte mala, esa que no tiene piedad de nada. No quiero que la conozcas, te recomiendo que no hagas que yo te muestre esa versión que solo es para las ratas. —¿Qué quieres que haga? —digo, yendo al grano. —Quiero que lo seduzcas, eres muy buena en eso, quiero que lo hagas perder el control de todo, quiero que hagas que él haga todo lo que le pidas y así no solo pierda la presidencia, si no que también pierda todo. Quiero que lo hagas caer en los bajos mundos y que no salga de allí nunca. —No puedo hacer eso. Él solo me ayudó, no puedo pagarle de esa manera. —Si puedes… cualquier hombre puede perder el control de sí mismo por ti, eres una diosa. Un claro ejemplo de eso soy yo, no tienes idea de como estoy perdido por ti. —Él agarra mi mentón. —¿Si hago eso nos dejarás en paz? —él sube una de sus cejas ante mi pregunta—. Dime, ¿me dejarás en paz? —Exacto mi amor, quedarás en paz a mi lado. Pero si no lo haces, tu madre se muere, tu te mueres y te reemplazo con tu hermana. Creo que al bar le quedaría bien nuevas trabajadoras. Te tengo en mis manos, enamorarte de mi y creerme, fue tu peor error. —Con ella no te metas —digo apretando los dientes. —Todo depende de ti, Camila, nunca te alejarás de mí, porque si me cansó de ti en algún momento, haré que me pagues cada centavo que gasté en ti. Tienes ropa para ponerte, te explicaré que debes hacer. ¿Te queda claro? —Asentí con mi cabeza—. Haz las cosas bien, sé que puedes, creo en ti. Luego de que Alan pierda todo, tu y yo podemos seguir viviendo felices, como marido y mujer. Y tu madre, ella tendrás sus mal.ditos medicamentos para que tu estés tranquila. ¿Te gusta la idea? Siento como comienzan a rodar lágrimas por mis mejillas. Él aprieta mis muslos con fuerza clavando sus uñas en mí. —Camila, no tengo porque repetir lo mismo. ¿Te gusta la maldi.ta idea mi amor? —Sí, si me gusta. —Así me gusta. Tengo más planes para ti, mientras tanto, empecemos por el principio... acabar con el infeliz de Alan. Sentí un escalofrío recorrerme por completo. Tenía miedo porque no sabía hasta que punto era capaz de llegar él... tenía miedo, mucho miedo. Eso era lo que Will causaba en mí. Es claro que mi vida seguirá igual y lo único que debo hacer es obedecerlo a tal punto que evite que todo sea un infierno.
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