No duda ante la indirecta. Hunde dos dedos dentro de mí y ahora me bombea con una mano mientras con la otra se pajea. Mi clítoris late duro de placer bajo mi dedo y gimo sin control. Cuando el orgasmo me recorre el cuerpo, echo la cabeza hacia atrás y cierro los ojos con fuerza. Cuando las últimas oleadas abandonan mi cuerpo, algo caliente me salpica el vientre. Abro los ojos y Bram se está subiendo los bóxers. —¿Acabas de correrte en mi barriga? —Sí, no te muevas. Vuelve con una toalla húmeda, me limpia y me besa hasta el ombligo antes de bajarme la camiseta otra vez. —Quizá a mí también me habría gustado verte a ti —digo, aún recuperando el aliento. Habría estado caliente. —La próxima vez. Me muero de ganas de estar en la cancha con ellos, pero aunque me vendara el tobillo como un

