—Escríbeme todos los días para avisarme que estás bien. —Lo haré —digo mientras saco mi bolso del asiento trasero. —Quiero actualizaciones constantes. Necesito saber en qué ciudad estás en todo momento. —Está bien. —Hablo en serio. Si no sé nada de ti, se lo diré a tu papá y a tus hermanos. Y todos iremos a buscarte. No estoy bromeando. Le creo, y eso me hace sonreír. —Adiós, Ky. Te quiero. Juro que la veo limpiarse una lágrima. —Yo también te quiero. Me voy a quedar aquí un rato. Por si acaso. —Gracias. Con un pequeño asentimiento y una respiración profunda, me doy la vuelta y camino hacia la camioneta. Recorro la mitad del estacionamiento y me detengo. No debería estar haciendo esto. Es una locura. Debería darme la vuelta ahora mismo, volver a subir al coche. Irme a casa. Deci

