Almorcé en casa y me relajé tanto como podía. Todavía recordaba el aviso de mi jefe: de la disminución de mi salario y de los impedimentos a los que me enfrentaría en el futuro. No podría desarrollarme como yo quería en el bufete. La posible reducción del dinero de mi asignación no me preocupaba tanto. Mi esposo ganaba suficiente para evitar que pasáramos cualquier necesidad. De hecho Tomás era accionista minoritario de su bufete de abogados; si yo quisiera dejar de trabajar y no hacer nada mi situación vital no cambiaría. Podría darme los mismos lujos de siempre. Sin embargo, me gustaba ganar mi dinero. Pero no era sólo eso. Me gustaba lo que mi puesto en el estudio significaba (mi sueldo, mi oficina, mi posición) y la posibilidad de conocer gente con influencia y moverme en las esferas d

