Se quedó un rato mirando mi falo. Estaba lleno de la saliva de su hermana. Brillaba, como si fuera un pedazo de madera recién barnizado. Miró a su alrededor. Yo imaginé lo que buscaba. Iba a usar alguna de sus prendas para secar mi v***a y retirar toda la saliva que pudiera. Pero no le di tiempo a decir ni a hacer nada. Empujé otra vez hacia abajo, para que el glande se encontrara con sus labios. Frunció el ceño, pero no tardó en abrir la boca para comerse mi pija bañada con la baba de Mimi. A la rubiecita le divirtió mucho eso, y se quedó mirando cómo lo hacía su hermana, seguramente para aprender de ella. No pasó mucho tiempo hasta que Mel pareció olvidarse de su delicadeza, y empezó a comerse mi pija sin miramientos. Frotaba su lengüita por todo lo largo del tronco, haciendo contacto v

