Esa tarde, sentada en mi escritorio, me sentía melancólica. Desde que había llegado a este trabajo siempre había tenido toda la atención de Jorge Larraín. Mi jefe era mi superior y yo la nueva. Pese a eso, yo siempre sentí que yo era importante para Jorge. Siempre me lo dio a entender de esa forma. Es por eso que veo con confusión lo que pasó en el almuerzo: su coqueteo con Sandra y la forma de ignorarme. En el pasado, en días negros y con el estrés cerrando sus puños sobre mí, yo no hubiera dudado en buscar alivio en un poco de cocaína. Con ayuda de la droga estaría enfocada en lo importante y luego hubiera buscado otra forma de relajarme, tal vez con mi esposo o tal vez con un amante. Seguramente Jorge hubiera sido una opción en el pasado. Pero ahora no puedo hacer nada de eso. La única

