Ahora su mano se posó sobre el m*****o desnudo, produciendo una sensación electrizante, no solo en esa extremidad, sino en todo mi cuerpo. —No quiero coger —dijo, cosa que me pareció absurda—. Pero quiero hacer lo mismo que anoche. Y esta vez quiero hacerlo bien —explicó después. Hice un paso hacia atrás. No fue premeditado, sino que fue como si mi propio cuerpo se percatara de lo insensato que resultaba seguirle la corriente a la más joven de mis hijastras. No obstante, Mimi no soltó mi v***a. Es más, la apretó con más fuerza, y tironeó de ella. Después acercó su boca, y se llevó el m*****o adentro. Ya estaba sucediendo. La asaltante nocturna, como era su costumbre, no esperaba que yo estuviera de acuerdo. Simplemente hacía lo que quería, y lo que quería ahora era hacerme una mamada.

