— Con Perla –me aclaró ella — ¿no era eso lo que te preguntabas? ¿No era eso lo que siempre has querido saber? Sí, Nacho. Me acosté con ella. Muchas veces. A menudo follábamos las dos parejas, intercambiando luego nuestros amantes de esa noche y, entre medias, ella y yo jugando entre nosotras. Otras, sin embargo, lo hacíamos a solas si nada surgía, otra forma de experimentar, de probar cosas diferentes, de descubrirnos. Magdalena calló y sus ojos seguían clavados en los míos, esperando una reacción, algo que le ayudara a entender qué pensaba, cuál era mi reacción a sus palabras, a lo que me acababa de contar. Me costó pero creo que lo conseguí, disimular el estupor y sorpresa que ellas me habían causado y el imaginar aquella estampa de mi Magdalena haciendo semejantes cosas. — Di algo, N

