— Dentro –le aclaró ella, sin ningún comentario, ninguna burla, ningún menosprecio a mi persona por lo que acababa de ocurrir –acabamos de llegar. El tráfico está imposible y, bueno, cuando vas con alguien como él es casi imposible llegar a la hora a ningún lugar. Todo el mundo quiere una foto, un autógrafo, felicitarlo por una faena… Lo decía como si aquello fuera lo más normal del mundo aunque quizás, para alguien como ella, habituada a codearse con gente de ese extraño mundo donde los agasajos, la admiración y la adulación estaban a la orden del día, así lo fuera pero, para alguien como yo, sencillo y humilde, no lo era tanto y me era completamente ajeno. — Hola, Nacho –su voz, demasiado cercana, me hizo darme cuenta de una proximidad inesperada y totalmente imprevista –hacía tiempo q

