No sé qué me pasa últimamente. No puedo evitarlo. A pesar de ser una mujer educada y de buena familia, a pesar del buen ambiente laboral, de mi esposo, de las cosas que debo atender hacer (asuntos importantes), incluso a pesar de mi misma, no puedo evitar dejarme llevar por esta lujuria. A veces, sin reprocharme, dejo todo y voy a aliviar esa urgencia. Pasó el otro día en el gimnasio y ahora también en la oficina. Voy y subo al treceavo piso; me encierro en el baño de mujeres. El lugar casi siempre está vacío porque en aquel piso casi todos son hombres. Sin esperar, me subo la falda celeste y me bajo mi calzón n***o. El culotte de encaje, una prensa sexy y amoldada a mi figura, queda a mitad de mis largos muslos. En esa urgencia no importa que la falda o la camisa se arruguen. Ya habrá otr

