—No, es que… es que… —balbuceó, buscando la mentira que lo sacara de ese apuro—. Es que me di cuenta de que me llegó un sobre a mi departamento, que en realidad es de la chica que vive acá, Así que se lo pasé por abajo. Se habrá equivocado el portero cuando repartió la correspondencia. Cosas que pasan. Debo reconocer que, dadas las circunstancias, dentro de todo era verosímil lo que decía. Pero su exaltación le había jugado en contra, y yo no se la iba a dejar pasar fácilmente. —¿Y te pareció buena idea entregársela ahora, a las dos de la mañana? —dije. Le di un rato para que me respondiera, pero esta vez no pudo esgrimir ninguna excusa—. La próxima vez que suceda algo así, por favor, devuelva el sobre al portero, o a nosotros, los de seguridad. Imagínese que la pobre chica se dé cuenta

