Cristina fue una buena sumisión durante mi época de instituto. Gracias a la prerrogativa de José, tenía tanto poder sobre ella como su verdadero amo, pero con la ventaja de prescindir de las obligaciones típicas del novio, como la de hacer regalos en ciertas fechas (aniversario, el día que se conocieron, etc.) Desde el día que me enseño el conejito en clase, la verdad es que los tres nos hicimos más inseparables todavía. Recuerdo una de las veces que nos quedamos en clase mientras los compañeros bajaban al bar durante la hora de descanso que solíamos tener para desayunar. No usaba ropa excesivamente llamativa: unos téjanos ajustadillos, una camiseta de las anchas y el pelo recogido. Aquel día, recuerdo que José estaba especialmente salido, puesto que ya antes de entrar en clase y mientras

