Al principio no estaba familiarizado con el juego, pero después de dos rondas, logró empatar con Rubí, y tras dos rondas más, obtuvo una ligera ventaja, lo que sorprendió a Rubí y la hizo sentir aún más interesada. Marcus, distraído mientras trabajaba, recordaba el regalo de “disculpa” de Rubí, lo que le hacía ser mucho más rápido de lo habitual. Cuando terminó, se masajeó las cejas y, al bajar la mirada, vio a dos personas sentadas en la alfombra, con las piernas cruzadas y descalzas, jugando al ajedrez con atención. Esta conmovedora escena provocó una explosión de dulzura en el corazón de Marcus. —Está bien, ya es tarde, así que vayan a la cama— dijo Marcus, mirando la hora y esperando a que terminaran de jugar otra ronda antes de interrumpirlos. Si no tuviera prisa, no los habría mole

