Rubí perdió instantáneamente la compostura cuando su rostro se hundió. Estaba extremadamente pálida. —Rubí, si te digo quién es ese hombre, ¿me dejarás ir? Prométeme que no seguirás con este asunto para siempre, ¿de acuerdo? La súplica de Marcia sonó un poco sarcástica mientras miraba a Rubí; su sonrisa se volvió aún más fría y misteriosa. —Rubí, siempre que me prometas esto, te diré la identidad de ese hombre. —Mmm, argh... El hombre estaba extremadamente asustado. El Sr. Santoro era alguien a quien no podían permitirse ofender. Definitivamente no podían decirle la verdad. Pero si ella inventara una mentira... El hombre que había estado atado comenzó a luchar violentamente, gruñendo y haciendo ruidos extraños. Rubí se quedó desconcertada al ver lo asustado que estaba. Marcia defini

