Rubí había sido sujetada. No le quedaba ninguna fuerza en su cuerpo. Ni siquiera fue capaz de resistir y moverse de su asiento. —Mira esto...— Marcia reprodujo un video con una mano. El video era una grabación del joven que acababa de irse; ahora estaba atado. Le habían metido un paño en la boca y parecía que sus movimientos habían sido restringidos. El rostro de Rubí se hundió. Miró fríamente a Marcia, que estaba sentada a su lado. —Marcia, lo prometiste. —Te hice una promesa. Sin embargo, Erick aún no ha llegado. Si te vas ahora, seré un poco infeliz—, dijo Marcia mientras se volvía para mirar a Rubí con frialdad. —Me hiciste una promesa hace un momento, pero ahora planeas irte. Rubí, rompiste nuestra confianza primero... —¿Qué planeas hacer?— Rubí preguntó con los dientes apretados

