Con la guerra de los carteles en su punto máximo, y las sospechas de Williams y Mireya, no había un día de tranquilidad en las vidas de cada uno. Una noche Jimena se queda mirando a su hijo quien duerme tranquilamente, ella comenzó a recordar sus años de infancia, aquellos años cuando jugaba en la plaza del pueblo, cuando sus padres adoptivos la llevaban al parque y disfrutaba de un algodón de azúcar sin preocuparse por nada más. En ese momento, Jimena solo deseó que su hijo también tuviera una infancia tranquila, poder disfrutar de un parque o de un algodón de azúcar sin tener que esconderse o estar rodeado de hombres armados que lo protegieran. Jimena sabía que su hijo no iba a tener esa niñez que ella tuvo porque estaba rodeado de un mundo de maldad, en ese momento tomó una drástica

