Sus ojos se volvieron acuosos, no pudo evitar sentir dolor por lo que le dijo Evan, le lastimó, sí; pero también sabía que era verdad. Tenía solo catorce años cuando se hizo cargo de todo en su casa, ella limpiaba, estudiaba, pagaba las cuentas y mantenía a su padre a flote. Definitivamente Bruce no había querido cambiar su forma de vida ni aceptar que tenía un problema, George en muchas ocasiones lo quiso ayudar y este no se lo permitió, era mas que claro que ni por su hija sintió el amor suficiente para cambiar y estar para ella. —Eres muy cruel ¿sabes? —Lo se —respondió sereno —tengo que serlo, de otra forma no entenderás que te quiero, que me preocupas y que no permitiré que sigas viviendo así; Bruce está así por su elección y aunque me duele saberlo y quiero que esté bien, no dejaré

