La noche caía pesada sobre la ciudad, envolviéndola en su manto oscuro. Moira y Cristopher habían compartido una cena llena de miradas intensas y dudas, pero ahora ella yacía profundamente dormida en la habitación que le fue asignada. Los últimos días habían sido tormentosos y llenos de dolor, al fin podía descansar tranquilamente. No conocía a Cristopher, sin embargo, el extraño hombre le daba confianza. Cristopher, un vampiro solitario y condenado a la inmortalidad, velaba por su amada mientras la luna llena se alzaba en el cielo estrellado. Sus ojos rojizos reflejaban la tristeza y angustia que lo invadían al verla sufrir. De ahora en adelante él se encargaría de protegerla, ya nadie volvería a pasar jamás por encima de ella. Moira era su todo, era su luz en medio de tanto caos, soleda

