Mientras Leslie disponía todo lo necesario para trasladar a Eiron de regreso a Stuttgart, Yidris y los escoltas, a fin de hacer lo que ella pidió, movieron a Eiron a otra habitación. Tardaron dos horas para borrar las evidencias de la existencia del colchón impregnado de sangre. Eiron estaba tan adormecido por todo el licor que ingirió y lo fuerte que fue el dolor al llegara su nivel más alto, que prácticamente se desmayó, se quedó dormido por un buen tiempo y justo cuando Leslie ingresó a la habitación para despertarlo, él abrió los ojos, con dificultad, pero lo hizo. —Ya estamos a punto de partir —le dijo ella en tranquilidad—. Precisamente venía a despertarte. —Partir ¿a dónde? —inquirió él con dificultad por el aturdimiento en el que sintió su cabeza. Intentó tomar asiento buscan

