Capítulo 6

1710 Words
Capítulo 3. Parte II Él solo quiere que nadie nos haga lo mismos que él hace con mamá… Charlie me había pedido que le contara a mi padre por el temor de que podía enterarse de otra forma y no haya una solución para ambos, pero recurro mucho al miedo diciéndole que me de mi tiempo para yo poderle decir. Todavía sigo esperando mi tiempo. Él es muy paciente, solo quiere asegurarse de que cuando lo haga esté presente en todo momento para decirle a mis padres en que no deben de preocuparse. Me ha dado la seguridad en que si las cosas no salen como lo hemos pensando, no se rendirá tan fácil conmigo. Alega todo el tiempo que le costó tenerme y no piensa soltarme a la primera que tengamos un problema. Lo comprendo, yo tampoco lo haría. Al principio cuando iniciamos todo estaba muy escéptica por el hecho de que él estaba interesado en Alisson primero, y después decidió intentarlo conmigo. Y le funcionó todas las cosas que hizo por mí. Jamás pensé que alguien haría ese tipo de cosas. ―¿Tienen más clases? ―rompe la tensión Alisson que se había formado entre las tres, observa a las dos simultáneamente. Ambas asentimos. Solo pienso en irme por toda la incomodidad que me hicieron sentir mis amigos, solo me digo a mí misma que son cosas que pasan. Supongo… ―Tengo educación física para la salud. Oí que el profesor es muy didáctico con su asignatura que, por ende, me emociona demasiado ―dije, sin poder ocultar la emoción de mi voz. Después de tanto, algo me tiene que emocionar en el día. ―Yo tengo dibujo, ¿y tú que tienes, Ali? ―le pregunta la pelirroja a la morena, la cual, está muy entusiasmada. ―Tengo matemática ―hicimos una mueca―. ¿Qué? Saben que para mí eso es fácil. ―Por eso siempre nos ayudabas en la primaria y secundaria con esa asignatura ―aseguré. Todas asentimos dándonos la razón. Nos dimos cuenta de la hora y sabemos que cada una debe dividir su camino. Por una parte, me alegra que ya haya terminado mi momento con mis amigas después de todo lo que tuve que escuchar. Hay cosas que me afectaron un poco. Una vez más, me sentí como la segunda opción en todo. Cuando nos disponemos a irnos, Carlee me detiene. ―Lo siento, Nat. No debí de decir eso, yo… ―la interrumpo. ―Está bien. No pasa nada. No parece muy convencida, así que, insiste un poco. ―Nat, no te comportes así, sé que lo que dije no estuvo bien, no debí de decirlo, no sé porque lo dije… ―Pero lo hiciste, Carlee. Le dedico una mirada fría y dolida por sus palabras. Me despido de cada una, sin querer seguir lidiando con las palabras que me dijo. Nos aseguramos que nos encontraríamos en la salida de las clases. Puede que después de ello ya tenga un mejor humor. Me dirijo hacia el edificio de medicina ya que, este está apartado del comedor como todos los edificios de las diferentes ramas de estudios, por ende, el comedor es el centro de todo. No quisiera darles tantas vueltas a las palabras de Carlee, pero ella realmente dijo eso sabiendo que he intentado lo mejor posible de ocultar mi relación con mi padre y no va a seguir funcionando. Es la primera vez que Carlee dice algo así para lastimarme. Normalmente hace un comentario y no veo afectada, pero lo que dijo hace que una sensación se implante en mi pecho. Una tristeza profunda. Siento que papá nos ha influido en hacer ese tipo de cosas por la desconfianza que nos ha otorgado a mis hermanos y a mí. Yo quisiera confiar en mi papá, pero el temor que nos ha implantado ha sido el que deteriore todo. Amo a papá, es mi todo por haberme salvado de situaciones que estuve al borde de no seguir existiendo. Las cosas que ha hecho por mí son inimaginables. Solo que las cosas que él ha hecho por mamá son aborrecibles… Un empujón a mí costado me desequilibra y hace que caiga de bruces, mi mal humor se hace presente una vez más, olvidándome de la tristeza que me había abordado minutos antes. Hago todo lo posible para levantarme, como si eso no me hubiera afectado y, observo a el causante de mi caída y mal humor. Fue un chico trigueño que está con sus brazos apoyados en sus rodillas, sin poder ver su rostro le enfrento, sin poder contenerme. ―¡Eres un idiota! ¡Fíjate por donde caminas! El trigueño se incorpora y tuve que alzar un poco mi cabeza para ver su rostro. Sus ojos marrones oscuros, como la oscuridad de una noche desierta, me recorren de pies a cabeza muy despectivo, pero pude ver un poco de diversión en ellos. Menudo idiota. ―Me lo dicen a menudo ―habla, una sonrisa socarrona se ensancha en sus gruesos labios―. Lo siento, bebé. Al escuchar lo último, una mueca de desagrado se instala en mi rostro. El adjetivo “bebé” para mí está muy sobrevalorado que, por ende, es un adjetivo que odio demasiado, proviniendo más de una persona que no conozco. Charlie evita decírmela porque sabe que eso me pone de mal humor, se las ingenia para decirme otros diminutivos. Es muy considerado de su parte. Sin decir nada a cambio, decido seguir mi camino hacia el edificio, pero su voz a mis espaldas irrumpe mi andar. ―¿Estás bien? ¿No te hiciste daño? ―me pregunta, con una leve preocupación en su voz. Me desconcierta un poco su pregunta, y solo soy consciente de que no me está mirando a mí, o si no mis manos. Me las observo, y me doy cuenta que tengo unos leves raspones, no tan graves para que no me recupere rápido. Le sonrío después de todo. ―No es nada. Estaré bien ―hago un gesto en que no debe de preocuparse. Él no parece muy convencido por mi respuesta. ―¿Segura que no quieres que haga algo por ti? Su preocupación se siente muy palpable en el aire. Se acerca hacia mí y yo retrocedo un poco. ―No, está bien. Gracias. Asiente dándose cuenta que su insistencia ha sido suficiente en que no debe de hacer nada por mí. ―¿Cómo te llamas? Su pregunta me toma desprevenida, sin embargo, giro sobre mi eje y sonrío con inocencia pura. Algo tan característico de mí. ―No puedes ir por la vida preguntándole a cualquier chica su nombre ―vocifero y añado sin medir mis palabras―: Averígualo, si te interesa. Y sin más me voy de ahí hacia mi siguiente clase. (…) Algo es cierto de todo, que después de la universidad llegas muy cansada a tu casa. Las energías que siempre preparamos en un día deben consumirse en una actividad que realicemos. Entre la compañía de Alisson solamente, nos dirigimos hacia nuestros hogares ya que, vivimos cerca una de la otra, en cambio Carlee vive cerca de la universidad. Es un privilegio tener a tu mejor amiga viviendo cerca de ti. ―Gracias a Dios y a todos los Santos que se acabó este día ―hablo, mientras observo por la ventana del bus como repasamos las casas unas a otras. ―¿Cómo estuvieron tus demás clases? ―indaga mi amiga, curiosa. La observe detenidamente, con una leve sonrisa. ―Estuvieron bien… aunque tengo competencia ―recuerdo los debates en todas las clases e hice una mueca, disgustada. Se reincorpora interesada. ―¿Quién es? Hay una pizca de emoción en su voz y río por su curiosidad chispeante. ―Se llama Jenna, su voz chillona es un pitido para mis oídos. Al recordar la voz de Jenna hizo que me dé un escalofrío de pies a cabeza. ―Es insoportable… es el primer día y no la soporto. ―Tú no soportas a nadie ―afirma Alisson, le doy la razón en ello. Es cierto, yo no llego a soportar a nadie, aún me sigo preguntando como estoy saliendo con Charlie, o cómo él me soporta a mí. ―¿Y a ti como te fue? ―quise saber ya que ha estado muy entusiasmada desde que salimos de la universidad. ―Me fue maravilloso ―comenta y sonríe―. Los profesores son muy didácticos, pero estrictos en su asignatura, lo cual, me hace admirar su ética de trabajo. Asiento sin más. En eso tiene razón, los profesores son muy didácticos, pero estrictos, aunque estamos en carreras diferentes no hay mucha diferencia en la comparación de los profesores. ―Por cierto, un chico me hizo caer y me lastimé ―nos bajamos del bus y le muestro mis manos raspadas. Comenzamos a caminar hacia nuestras casas. Ella se sorprende al ver mis manos. ―¡¿Estás bien?! ¿No hizo nada? ¿Era lindo? ―alza sus cejas sugestivamente. ―Le dije que no se preocupara, que estaría bien, pensaba ayudarme, pero me negué ―río por su última pregunta―. Y sí, era un chico trigueño ―recuerdo sus ojos cafés oscuros―. No le digas nada a Charlie. ―Qué raro, como siempre dejando que nadie te ayude ―niega―. ¿Estás loca? ¿Por quién me tomas? ―pronuncia indignada. Comenzamos a reír a carcajadas. ―Hablando de Charlie… Carlee se estaba comportando extraño hoy ―frunzo mi ceño al recordar nuevamente sus palabras. ―Lo sé, trataré de hablar con ella, no te preocupes. Quise oír otra cosa por su parte, no puedo exigirlo, sé que no lo diría por los momentos. Asiento con una leve sonrisa, un poco decepcionada. ―Bien. Adiós, vaquera. ―Adiós, vaquera. Nos despedimos con un abrazo ya que, mi casa esta primero que la de ella y la suya está a tres casas de la mía. Me adentro a mi hogar y al pisar adentro de esta se escucharon voces enojadas, mejor dicho, una discusión, que ya sé de lo que puede tratarse. Esté día no puede ser peor.
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