Ivy Cross Y supe que ya era demasiado tarde para huir. El restaurante estaba en silencio. Demasiado silencio.Era como si cada mesa esperara el primer gemido, el primer jadeo, para arrancar la sinfonía perversa que flotaba en el aire. Me di cuenta que me excitaba que me tocara delante de extraños, ¿Era morbo? Por qué eso me calentó y más, que me hiciera suya por primera vez, delante de extranjeros de quién sabe que país. Las velas parpadeaban con cada brisa que se colaba desde el ventanal abierto. El olor salado del mar mezclado con incienso oriental llenaba mis pulmones y me mareaba.Las paredes de cristal parecían desaparecer, y solo quedaba el cielo oscuro y el mar n***o como testigo. Podía escuchar el tenue murmullo de otras mesas, el arrastrar suave de copas. De pronto me di cuenta:

