Alejandro Cross El avión tocó tierra con suavidad, casi como si la pista nos hubiera estado esperando. Desde mi asiento, observé los viñedos extendiéndose más allá de las colinas, como una postal cuidadosamente diseñada. Grecia. Neutral, hermosa y segura… hasta donde puede serlo cualquier lugar cuando llevas fantasmas y enemigos en la maleta. Giré apenas la cabeza. Ivy estaba mirando por la ventanilla. No decía nada, pero la tensión en sus hombros, el leve golpeteo de su pulgar contra el reposabrazos, la traicionaban. Estaba emocionada. Aunque no lo admitiría ni bajo tortura. La primera vez que salía del país. Y lo hacía conmigo. Después de un año encerrada en esa habitación, ahora tenía el mundo delante. Lo veía en sus ojos. Ese brillo que intentaba disimular tras el filtro de su d

