Alejandro Cross Mierda. Sí, me mordió. Frente al espejo, la marca me arde más por lo que significa que por el daño en sí. No solo dejó un jodido chupetón. Dejó su huella. Como si yo le perteneciera. Como si me retara. Y la peor parte… es que me gusta. Paso la toalla con fuerza, pero no sirve de nada. Esa cabrona lo hizo a propósito. Puedo verla en mi mente mientras se alejaba con esa sonrisa diabólica, como si supiera que me iba a joder por dentro. Porque me conoce. Me estudia. Me prueba. Y yo dejo que lo haga. Justo cuando voy a salir del baño, la puerta se abre. Ella. Ivy. Camina con ese paso suave, casi casual, pero la forma en la que evita mi mirada por un segundo lo dice todo. Está algo sonrojada… no por mí. No por deseo. Por alcohol. Apreté la mandíbula. —¿Cuánto tomaste? —p

