Tres

2818 Words
Declan Ella y yo íbamos tomados de la mano mientras bajábamos las escaleras al primer piso de mi casa. Yo llevaba a mi sobrina en mis brazos y le había tomado la mano a Ella para sentirme más seguro. Ella me provocaba esa seguridad, siempre lo había hecho. Desde el momento en que nos conocimos, que era a penas una pequeña niña que corría por deporte por la acera.  Al igual que Alice cuándo nos abrió la puerta esta mañana, Ella tampoco llevaba maquillaje. Había manchas oscuras bajo sus ojos y estaba encorvada, como si anduviese cansada. Recordé que anoche ella tenía su luz prendida. Aún cuando había cortinas medio tapando su luz, había ligeros rayos que encontraban la manera de entrar por mi venta y colarse.   Ella acostumbraba a dormirse tarde por enviciarse con algún libro o alguna saga o serie. No era nada extraño verla despierta a las dos, tres o hasta cuatro de la mañana leyendo o viendo series. Florence y Sebastián nunca parecieron importarle eso, su hija sabía que dormir hasta tarde podría ser malo pero era algo que ella disfrutara. Con el paso de los años, dejaron de decirle y que ella decidiera.  —¿Andas cansada?—le pregunté. Sus ojos cafés estaban perdidos en algún punto entre el piso de madera y la encimera de la cocina.  —¿Por qué? ¿Me veo muy cansada?—respondió ella, riéndose y calentando un poco de agua en una tetera que mi madre conservaba de algún regalo de la madre de Derrick.  —Gabriella me dijo que habías ido por ella al Starbucks.  —Oh, si.—Dijo Ella, volteándome a ver mientras el agua hervía—. Sabes que Tyler entra temprano los sábados y antes de irse me despertó para que le prestara mi coche. Gabriella y yo tomamos el desayuno en el Starbucks.  —Si, vi que tenía un café.  Ella se movía con elegancia en la cocina. Me recordaba en la manera en la que mamá se movía cuando hacía cena, a Gabriella mientras hacía el biberón de Gemma. Recordaba que la chica rubia había trabajado como niñera para unos niños unas calles más para el sur. Eran los gemelos Wood. Ella tenía catorce años y quería ganar dinero para comprarse más libros y para comprarse un celular nuevo. Por la forma en la que se movía, se notaba que había trabajado con niños antes. Se movía con agilidad y destreza. Ella Taylor sí tenía madera de madre. Sonreí al pensar en sus hijos. ¿Podría ser yo el padre de ellos? Cerré los ojos y sacudí la cabeza. Quería ahuyentar esa clase de pensamientos que tenía hacia Ella. Quiero decir, ella me gustaba. Había crecido con ella y me caía de maravilla.  Me entendía y me escuchaba. En los años en los que Gabriella estuvo en Londres, Ella fue mi hermana. Mi consejera. Ella Taylor fue mi mejor amiga y lo seguía siendo. Aún cuando me deja de hablar por estar enojada cada vez que le hablaba de alguna chica.  ¿Será que tal vez le gusto a Ella? Volví a ahuyentar el pensamiento de mi cabeza. No podía ser así. Ella me veía como su hermano, como su mejor amigo y estaba seguro que esos eran sus pensamientos. Hasta donde yo sabía tenía muchos novios literarios y ficticios. Nunca le habían permitido salir con alguien real y tampoco ella se había sentido atraída por alguien de carne y hueso.  —Me había dormido a las cuatro de la mañana,—explicó,—Tyler llegó alrededor de las seis y me despertó. De ahí me levanté ya que papá me llevaría al Starbucks a recoger a Gabriella.  Ella Taylor lo había hecho de nuevo. Pensó primero en mi hermana, en Gemma. Sacrificó sus horas de sueño para que Gabriella y Gemma llegaran antes del amanecer a nuestra casa. Estaba más que claro por qué Ella se veía tan cansada, no durmió nada más que dos horas. Cumplió con su amiga y con su sobrina, las había llevado a desayunar y las había traído y todavía se había ofrecido a cuidar a la pequeña Gemma.  Pensé en esa cualidad que tenía. Físicamente, Ella era bajita, yo diría que un metro y cincuenta y seis centímetros, era delgada pero no curvilínea, su cabello rubio no era largo ni corto y sus facciones eran normales. Nada fuera de lo normal; una nariz recta y delgada, ojos grandes cafés, unos labios rosas y llenos y mejillas pálidas. Sus cejas eran delgadas. No era como Alice, ella no seguía las modas, simplemente usaba lo que iba conforme a su personalidad. Lo que a ella le parecía cómodo.  —¿Estabas leyendo? O…¿hablando con…alguien? Me incómodo preguntar eso. No sabía por qué ni lo entendía.  Ella podía vivir su vida amorosa de la forma en la que ella quisiera. Pero imaginarla hablando con alguien hasta altas horas de la madrugada, riéndose con alguien que no fuese yo, diciéndole “te quiero” o incluso “te amo”, me hizo sentir que mi estómago se encogiera. Eso nunca me pasó con Kendall (teniendo en cuenta que es la única novia que he tenido).  —Leyendo—dijo con una sonrisa socarrona en su bello rostro—. Mas bien releyendo un libro, papá no quiere que me compre más libros ni permitirá que lo haga yo.  Puse los ojos en blanco y ella comenzó a revolver los biberones que había preparado y ahora tenía en las manos.  —¿Por qué no me sorprende? Ella soltó una carcajada. Así eran los momentos entre ella y yo; hacíamos bromas entre nosotros y nos reímos como si fuese nuestro último día juntos. Era tanta la confianza entre nosotros que no nos importaba reírnos de lo que nos gustaba. Los ojos cafés de Ella se quedaron mis ojos verdes. Mantenía una sonrisa genuina, no sabía cómo interpretar ese gesto. La chispa comenzaba a avivarse dentro de mí, rogaba, gritaba para que me acercara.  La tenía a medio metro de mí, demasiado cerca. Podía subirme a la encimera, o rodearla. Podía llegar a su lado en medio segundo. Podría tenerla aún más cerca de lo que ya la tenía. Éramos un imán. La atracción se estaba volviendo más fuerte. Comencé a inclinarme un poco hacia ella.  Podía verla más cerca, podía oler su perfume a centímetros de mi nariz. Ella también se estaba inclinando, tenía sus codos en la encimera. Mis ojos bajaron a sus labios. Eran rosas, carnosos. No tenían labial, tampoco gloss, pero brillaban. Notaba su mirada en mí también.  Había dejado a Gemma en la sala, para que jugase. Ella y yo estábamos solos en la cocina. Yo estaba prácticamente arriba de la encimera. A juzgar por la cercanía de Ella, asumí que ella estaba parada de puntas para alcanzarme. Me incliné un poco más de modo que Ella y yo respirábamos el mismo aire. Nuestras narices tocándose.  Comencé a cerrar los ojos lentamente, ella hizo lo mismo. Elevé mi mano y la puse en su nuca, para acercarla más a mí. Estábamos tan cerca…  —Gemma.  Ella había escuchado un ruido en la sala, donde estaba Gemma jugando. Me bajé de la encimera y corrí a ver qué sucedía. Cuando llegué, noté que Gemma solo había tirado un juguete contra la pared. No había nada raro, nada mal, nada que pudiese indicar que Gemma estuviera lastimada. La television estaba encendida, Ella le había puesto caricaturas para que jugara y se entretuviera.  La chica rubia hacía cosas en la cocina, seguramente preparando comida para Gema. Me senté en el sofá, Gemma estaba parada enseguida, se detenía en la esquina del mismo sofá.  ¿Qué acaba de pasar?  Más bien, ¿qué pudo haber pasado si Gemma no hubiese hecho ruido?  No entendía nada. Normalmente, no me interesaba besar a ninguna chica. Cuando salía con ellas, siempre era un beso en la mejilla pero, estuve a punto, a nada de besar a Ella Taylor. Ella no había puesto objeción en querer besarme tampoco. Ambos queríamos y eso estaba claro.  Pero, ¿por qué?  Me tallé los ojos con la palma de mis manos y suspiré. Esta cercanía con ella siempre había sido así de fuerte. Pero ahora todo había cambiado. Normalmente siempre era un abrazo o el simple hecho de estar cerca de ella. No quería nada más. Con abrazarla y rozar nuestros hombros o brazos era suficiente. Mis manos sudaban y el vello de mis brazos estaba levantando.  Había algo en ella. Siempre me había tenido así; comiendo de la palma de su mano.  Tenía que tratar de alejarme de ella.  *** Entre la chica rubia y yo había tensión. Gabriella lo notaba, Tyler lo notaba y hasta Alice lo notaba. Tal vez a Ella no le decían nada pero a mí sí. Hacían comentarios y hasta Tyler a veces trataba de hacerme admitir unos sentimientos totalmente inexistentes hacia Ella Taylor.  —Si te gusta, todo bien, hermano.—Decía Tyler mientras caminábamos por los pasillos del colegio—. Pero, eh, ¡cuidado! Sebastián es celoso.  Puse los ojos en blanco por centésima vez en el mismo fin de semana.  —En fin—continuó Tyler,—¿cuánto tiempo se queda Gabriella con Gemma por acá? —Hasta que se resuelva lo del divorcio. El sábado que llegó Gabriella, Sebastian la abrazó como siempre lo hacía al verla después de mucho tiempo. Incluso en sus años de colegio, cada vez que Sebastian nos recogía, abrazaba a Gabriella como una hija propia. Algo que tanto Gabriella como yo hubiésemos desconocido en otros tiempos.  En fin, cuando llegamos, Gabriella nos confesó a todos que se divorciaría de Charles ya que no lo soportaba. Florence y Sebastian hablaron con ella en privado mientras que todos los demás aguardábamos en la habitación de Ella.  —Gabriel puede hacer lo del divorcio, ¿cierto?—preguntó Tyler mientras sacaba y metía cosas en sus casilleros.  Una chica, que conocía como Darcy “la roba novios” Gray,  pasó enseguida de mí, chocando su hombro con el mío para llamar la atención.  Ya había escuchado de ella antes. Una auténtica Senior que había comenzado su expediente recién entramos a educación secundaria.  Hice una mueca de asco.  Darcy era la chica a la que todos recurrían para solo pasar el tiempo. Ella debía de saber eso, ya que era ella quién pasaba los días en el colegio conversando con chicos. Dicen que fue por una infidelidad de parte de su exnovio. En cada fiesta, en cada lugar. Siempre había un chico diferente a su lado cuando te la encontraba por la calle.  —Si, él tiene a muchos socios que le pueden hacer el divorcio.—Contesté buscando a alguien con la mirada.  Ella pasaba cada día por este pasillo, aquí tenía la mayoría de sus clases los lunes y además de también tener su casillero aquí.  —¿Por qué no él? —Por ética.  Tyler asintió y cerró su casillero.  —¿Sabes?—dijo de la nada—. Podrías simplemente probar invitándola a salir, yo los cubro con Sebastian.  —¿Qué? ¿De qué carajos hablas, Tyler? —Ella está allá—dijo apuntando con el dedo índice de la mano derecha,—siempre se reúne ahí con Ava y Cara.  Y, en efecto, Ella Taylor estaba apoyada en su casillero hablando con sus amigas mas cercanas. Como siempre, Ella vestía algo conforme a su personalidad. Hoy llevaba una sudadera con el logotipo de Nasa, unos pantalones negros ajustados y Converse azules claro. De su hombro derecho colgaba una mochila rosa claro medio abierta y abrazaba un libro contra su pecho.  Libro nuevo.  —Ay, ya vamos.—Tyler me tomó del brazo y me arrastró a su lado, después me soltó. Al cabo de unos segundos, me golpea suavemente con su puño en el pecho—. ¡Eh! ¿No es ese el exnovio de Imogen Chávez?  Tyler supo de mi pequeña relación secreta con Imogen, sin embargo, sabíamos que había otro “imposible” un grado más abajo que nosotros. En aquel tiempo, Imogen y “el imposible junior” salían y era muy conocido y todo un cliché. Imogen era una porrista y su novio un jugador de fútbol. Como capitán del equipo, Tyler lo conocía y sabía que lo habían engañado. Después de Imogen, siguiendo el ejemplo del Senior Declan Spencer, Luke se convirtió en un mini versión mía. Saliendo con chicas por diversión, creyéndose el mejor y el único. Eso no me molestaba en mí, ni en él.  Luke Cox estaba coqueteando descaradamente con Ella Taylor.  Y eso sí me molestaba.  En un acto involuntario, cerré los puños.  —Si, es tu seguidor Luke Cox.  Tyler me hizo un gesto con la cabeza, mi señal para salir al rescate de su hermana menor. Mi amigo podrá ser un ilusionador experimentado como yo, pero eso no significaba que él no amara a su hermana tanto como para protegerla de hombres como él.  Ilógico pero válido.  Los últimos dos metros antes de llegar a Ella (que ahora estaba dándome la espalda y Luke estaba recargado con su hombro izquierdo en el casillero de mi amiga) corrí un poco y una vez estuve lo suficientemente cerca, la rodeé con mis brazos por su cintura y la levanté.  Su cabello rubio voló por el aire cuando comencé a dar vueltas.  —¡Declan!—decía mientras reía y rodeaba mis manos con sus pequeñas y delicadas manos.  Cuando la bajé, veía como Luke me fulminaba con su mirada azul. Su entrecejo estaba fruncido y sus brazos estaban cruzados frente a su pecho.  —Ahí estás—dije cuando Ella recuperó el equilibrio. Seguía abrazándome. Yo estaba feliz de que lo hiciera, me encantaba que ella tuviera la confianza suficiente como demostrarme afecto frente a las personas sin que sospecharan que era otra Kendall.  —Declan Spencer. Luke seguía frunciendo el ceño pero ahora sonreía. Lo volteé a ver y lo estudié con la mirada. Ella y Tyler tenían una mejor sonrisa que él. Después, comenzó a negar con la cabeza. Fruncí el ceño. ¿En serio creía él que tenía oportunidad con Ella cuando sabemos que su novia me prefirió a mí? —Luke Cox.  Tyler sujetaba a Ella por los hombros y la acercaba. Después, depositó un beso en su frente. En medio de nosotros, Ella Taylor parecía una pequeña niña con guardaespaldas. Cuando Tyler la soltó, rodeé sus hombros con mi brazo derecho, ella hizo lo mismo en mi cintura con su delgado y pequeño brazo. Luke abrió los ojos como platos.  —Ustedes tres, ¿se conocen? Ella y Tyler se dieron una mirada cómplice y luego se rieron.  —Digamos que nosotros dos—dijo mientras se señalaba a sí mismo y a Ella—compartimos la misma sangre y apellido. Y a mi amigo aquí—me señaló a mí—es parte de nuestra familia porque Dios así lo quiso.  La mirada de Luke al saber que Ella y yo teníamos una larga historia parecía la misma que nos dio a Imogen y a mí al encontrarnos tras las gradas en receso. Ella pareció notarlo y me volteó a ver, con el ceño fruncido. Sabía lo que ella pensaba acerca de lo que había hecho, que no estaba de acuerdo.  Aquél día, cuando le conté lo sucedido, no me sentí mal por el hecho de que había engañado a Kendall con Imogen, sino por lo que me dijo Ella.  —Por primera vez en doce años te considero lo peor que me pasó—dijo aquella tarde. Estábamos en mi habitación, ella caminaba de punta a punta. Su rostro estaba rojo por la furia y sus puños cerrados. Los nudillos los tenía blancos y había comenzado a llorar—. ¿Qué acaso no tienes corazón, Declan? ¡Kendall no merecía eso! ¡Eres una decepción!  —Ella… —¡Ella nada, Declan! ¿Sabes qué fue lo peor de todo esto? ¡Rompiste dos relaciones! ¡Dos! Si realmente eres un ser tan frío y sin corazón, no creo que valga la pena que sigamos siendo amigos. No vaya a ser que se te ocurra hacer algo igual de tonto como lo que hiciste y los lastimados seamos nosotros.  Ella nunca se enojaba tanto. Saber que yo era la razón por la cual ella se enojaba de semejante manera dolía.  —Dios…—dijo Luke. Se había agarrado la barbilla y tenía una expresión de sorpresa falsa.  Tyler y Ella no tenían mucho parecido. Ni siquiera la forma de su rostro. El de Tyler era alargado, Ella lo tenía redondo.  —No me lo puedo creer…—dijo, riéndose—. ¡Eres una Taylor! 
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