En la mañana desperté algo confundida, aun pensaba que todo podía ser un sueño pero era la realidad. Me gire en la cama para conseguirme con Cícero aun dormido. Realmente se veía como un príncipe como ese Dios que no era capaz de romper un plato, su teléfono sonaba, quizás así dormido tendría oportunidad de tomar su teléfono y llamar a mi casa o prevenir a Marcos. En la pantalla del movil se reflejaba el nombre de “Lina” ¿Quién era ella y porque llamaba a Cícero? Estuve cerca de Cícero muy cerca me incline un poco quedando casi encima de el para agarrarlo, mi nariz casi pegaba de la suya, su respiración y la mía casi podían unirse. Tome el teléfono y cuando volvía a la posición original el griego sujeto mi mano con una sonrisa amplia. -Qué mala idea Eli, muy mala – Aun sujetándome la mano

