No hablaba nada de camino a su hotel y yo, aseguro me estaba desesperando. Su mirada se mantenía en la carretera mientras su mandíbula mostraba el cabreo que cargaba. Logan no era hombre de perder la paciencia fácilmente pero yo tenía un jodido arte para hacer que se pusiera tenso. Llegamos al hotel y no pongo resistencia, sé lo que he hecho, lo que ha significado para él y la conversación que implica ello. No sé si desee conversar. Igual y estoy receptiva a cualquier acto que implique que me sienta bien. Cruzamos el vestíbulo, entramos al elevador y subimos a su piso. Sin pronunciar una palabra, sin mirarnos, sin siquiera rozarnos. Esto estaba siendo tan áspero que estaba preparándome psicológicamente para otra bronca como la que tuvimos en su departamento. Cierra la puerta de un por

