Salgo de auto directo a saludarlos. ―Mija⁷ como has crecido ―comenta mi tío. ―Estás hermosa ―dice la mujer. Asiento con una sonrisa y voy en busca de los maletines. Mi tío y el conductor terminan bajando todos. Me fijo en el barrio, no tiene nada que ver con San Francisco, aquí las personas están sentadas en los portales, incluso un vecino conversa con el de al lado. Un grupo sentado a mitad de cuadra jugando dominó, los niños jugando libremente. ―Nos vamos ―informa mi prima agarrando mi mano. ―Espera mami ―suelto. ―Eso sonó cubano, cubano ―replica divertida. Antes de salir abrí las maletas que había enviado mi madre para ellos. Todo estaba en grupitos y con una cinta adhesiva con el nombre. Así que fue jodidamente fácil. Me acomodaron en el cuarto de mi prima y esta se iría con

