—Mira lo que me hice —informé a mi madre mientras le mostré orgullosa mi tatuaje. —También fuiste tentada a marcar tu piel en un sitio provocativo. Eres hija mía joder —expresa orgullosa con una sonrisa—. Pero, ¿dónde demonios dejaste tu braga, pequeña diabla? Bajó la falda rápidamente. —No creas que esto implica sexo descomunal toda la noche —aclaro—. Simplemente no era higiénico emplear las mismas que ayer. Andrea arquea una ceja y termina asintiendo. —Toma esos strappy¹ —dice señalando la caja que estaba sobre su cómoda—. Me preocupa que olvides dominar un tacón. Tomo la caja con mis manos y tras abrirla me encuentro con un par de tacones, que no dicen por ningún lado bajitos. Contienen tiras desde encima de mis dedos hasta el tobillo. —Mis tenis blancos son realmente hermosos.

