Tomo la mano de Ginebra y camino hasta el interior de la mansión. La hago prácticamente correr con esos tacones y no me preocupo. Sin vacilar, la entro en la habitación y cierro la puerta con seguro tras mi paso. Me empiezo a desvestir mirándola directamente a los ojos. Deslizo mi camisa blanca y la dejo caer en el suelo. Desabrocho mi cinto y zafo el botón del pantalón deshaciéndome de él. Ella sentada en la cama, me observa seria. ― ¿Qué estás esperando? ―cuestiono acercándome a ella. ―Aquí no, en la luna de miel ―dice y yo me muerdo el labio conteniendo la exasperación. Esta mierda no va a seguir más días. ―Mañana es que iremos para Australia. Hoy dormiremos aquí. ―Mañana es que empieza nuestra luna de miel, así que podemos esperar… ―No voy a esperar Ginebra ―digo con voz amenaz

