Lena Dejé mi taza de café y el libro que estaba leyendo sobre la mesa, me puse en pie para ir a abrir la puerta, no esperaba a nadie aquel día, de seguro era alguna de mis amigas. Me paralice al verla en el pasillo. ¡Madre Mía! Ella iba tan elegante un domingo por la mañana, con un vestido túnico de rayas ajustado a su delgada figura y unas zapatillas cuñas negras. Me miro de arriba abajo sin decir la más mínima palabra. Yo apenas me lave los dientes y la cara esa mañana, traía puesto el pijama azul de corazones y el cabello en una clase extraña de moño. –Buenos días– dije al final, porque me iba a dar un infarto tanta hostilidad. –Helena, ¿cierto? – asentí, ella sonrió mostrando su perfecta línea de dientes blancos. –Así que tú eres la mujer que se acuesta con mi marido– una clase de

