Alejandro –¿Lena?– me senté en la cama, buscándola con la mirada. La siesta había sido la más reparadora que he tenido en mucho tiempo, después de todo aquel sexo. Hacía mucho tiempo no me sentía tan relajado y feliz. Me puse de pie y recorrí la ropa del suelo, salí a la terraza justo cuando me cerraba el cierre de los pantalones, ella estaba allí, sentada, con las piernas sobre la mesa, con una bata casi transparentes que no dejaba nada a la imaginación, porque desde mi posición podía verle los pechos, tan firmes, como me encantaban. Llevaba los auriculares puestos y la mirada perdida entre la vegetación que nos rodeaba. Me quedé de pie unos minutos, mirándola. Seguía sin entender... sin comprender todo aquello, todo lo que sentía por ella. El punto era que sentía un montón de cosas en

