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Una vez que Jonathan le dijo a Meryl que había decidido confiar en ella, ella se excusó un momento para poder ponerse una copa, darles las buenas noches a los trabajadores de su local, y agradecerles a los músicos el haber dado un concierto tan maravilloso.
Jonathan le pegó un sorbo a su bebida, nerviosamente y observó mientras Mike acompañaba a los trabajadores del pub a la salida y cerraba la puerta tras su salida.
La banda se acabó sus bebidas y fue a la barra a dejar los vasos vacíos.
Mientras Meryl los acompañaba a la salida, Jonathan llamó en voz alta a la cantante principal.
“Jovencita”, el se puso en pie para llamar su atención, “Me preguntaba si podría hablar un momento con usted antes de que vaya”.
La muchacha sonrió y caminó hacia la mesa del viejo, seguida de cerca por el resto de la banda. “Si, dijo ella alegremente, ¿Qué puedo hacer por usted?
Meryl sospechaba que Jonathan iba a preguntarle a la joven cantante si podía repetir la canción, así que ella volvió y permaneció al lado del viejo.
Jonathan estaba temblando visiblemente, intentando agarrase al respaldo de la silla para mantenerse firme, pero Meryl le agarró del brazo e insistió en que el se sentara de nuevo antes de que empezara a hablar, así que el hombre cumplió con su deseo y retomó su asiento.
“Me preguntaba… esa canción usted que ha cantado al final del concierto… usted ha dicho que su madre se la enseñó cuando era un bebe”.
La muchacha sonrió. “Eso es, la canción esta muy arraigada entre los clanes gitanos, ya que suele ser la primera canción que nos enseñan. ¿Por qué lo pregunta, la ha oído usted en alguna otra parte?”.
Jonathan se frotó las manos como para quitarse el frío de la noche cuando en realidad dentro del pub se estaba bastante caliente, y la chimenea de leña que Mike había ido alimentando durante toda la tarde aun resplandecía en toda la habitación.
Cuando abrió la boca para hablar, no le salían las palabras, Jonathan giró la cara y se puso la mano en la boca una vez mas para aclararse la garganta.
Cuando se volvió a girar hacia la banda, Meryl tenía su vaso de cerveza en la mano animándole a que le diera unos sorbos antes de continuar, Jonathan le dio las gracias y tomó un largo trago del vaso antes de volver a ponerlo encima de la mesa.
La joven cantante se inclinó sobre la mesa y descansó la mano en la manga de Jonathan. “Lo siento mucho”, dijo ella con suavidad, “no quería alterarle”.
Jonathan le hizo un gesto con la mano, como diciéndole que sus disculpas no eran necesarias. “No me ha alterado en absoluto, es solo que…” el hizo una pausa, sin poder encontrar las palabras que estaba buscando.
El miró a Meryl en busca de inspiración.
Al darse Meryl cuenta de que el viejo se sentía incomodo, decidió intervenir.
Ella llamó a su marido para que trajera bebidas para todos, e invitó a los artistas a tomar asiento. “Pongámonos todos cómodos”, sugirió ella alegremente. Hagamos un pequeño encierro, una
reunión informal entre amigos. Algo para resguardarnos del frío un durante un rato mas”.
Mientras Mike iba a buscar las bebidas y los componentes de la banda se ponían cómodos, Meryl aprovechó la oportunidad para susurrarle al oído discretamente a Jonathan para preguntarle si el estaba dispuesto a contar su historia delante de todos los demás.
Ella empezaba a sentirse culpable de haberle puesto en el centro de todas las miradas, aunque había sido el quien había llamado a la banda para que se les unieran.
Independientemente de lo que su marido le dijera, Meryl no era de las que se metían en los asuntos de los demás. Sin embargo, ella tenía la impresión de que el viejo soportaba una pesada carga que necesitaba compartir desesperadamente.
Una vez que Mike hubo traído las bebidas y todo el mundo había tomado asiento, Meryl levantó su vaso, “Salud”, ella le ofreció su vaso a todos los demás para brindar, y una vez todos hubieron terminado tomaron un trago.
Jonathan sabía que todo el mundo estaba esperando a que contestara la pregunta de que la cantante le había hecho antes, así que el decidió ponerse a la faena sin darle mas vueltas al asunto. De lo contario el temía echarse atrás, y por una parte el estaba decidido a contar su historia.
El respiró profundamente y empezó. “Ahora jovencita, me has preguntado si había escuchado esa canción antes…”
“Me llamo Melisa”, le informó la cantante. Ella se giró hacia el resto de la banda. “Esta es Julie, Fred y Barry”.
Todos saludaron con moviendo la cabeza y Jonathan les devolvió el saludo.
“Bueno, la verdad es que”, continuó el manteniendo el tono de voz bajo porque tenía miedo de que alguien de fuera le escuchara”, “hace muchos años, mucho antes de que ninguno de vosotros hubierais nacido, pasé por una experiencia aterradora que me ha perseguido durante el resto de mi vida”.
Todos los allí reunidos se intercambiaron las miradas ante la revelación del viejo.
Sus expresiones mostraban una mezcla de sorpresa y expectación.
Finalmente, Melisa habló en voz alta. “Y lo que le pasó tiene que ver con la canción con la que hemos terminado la actuación”. Preguntó ella con curiosidad.
Jonathan asintió. “Comprendo que pueda parecer ridículo que una canción tan bonita me cause tanto estrés, pero si me permitís explicaros el por que, comprenderéis porque mis recuerdos son tan perturbadores”.
“Por supuesto”, respondió Melisa con calma. “Creo que ha conseguido intrigarnos a todos”.
Varios de los presentes asintieron con la cabeza.
El viejo sabía que ya era demasiado tarde para echarse atrás- y aunque solo el recordar la historia le producía escalofríos por todo el cuerpo- el se sintió obligado a contar la historia.
El pensó por un momento que era lo peor que podía pasar si les contaba a todos los allí reunidos lo que le pasó hace tantos años.
La muerte era como jugar al gato y al ratón así había sido para el desde hacía mas tiempo del que podía recordar.
El viejo se frotó los ojos los pulgares y los dedos índices, como para despejar simbólicamente cualquier duda que le impidiera hablar.
El estaba listo.
“Es difícil saber por donde empezar”, dijo el, casi de manera retorica, sin mirar a nadie en particular. “No quiero aburriros con la historia de mi vida- ya sabéis que a alguna gente le gusta divagar recordando los viejos tiempos y lamentándose de lo que hicieron o no hicieron.
El levantó la vista, y le animó el hecho de que a todo el mundo parecía haberle hecho gracia lo que acababa de decir.
“Conocí a mi mujer Jennifer a finales de los sesenta en un festival de pop, aunque no os lo creáis. Fue en verano en un campo muy grande donde cada uno tenía traer sus tiendas y su saco de dormir, a menos que quisieran dormir en el suelo bajo las estrellas.
“El aire olía a paz en el mundo y a amor libre, había varios grupos de personas experimentando con marihuana y otras drogas recreativas”.
El levantó la vista. “Pero yo no, ya sabes, era demasiado recto y aburrido para hacer eso”.
Hubo un coro de risas en respuesta.
“En esa época”, continuó el. “Yo trabajaba en un banco en la calle principal de nuestra localidad, así que debía de asegurarme de no sacar los pies demasiado del tiesto. En aquellos tiempos te podían tirar a la calle por la cosa mas simple, si tus jefes consideraban que tu comportamiento no era el adecuado. Especialmente si trabajabas en una organización tan conservadora como yo lo hacía.
“Recuerdo que sucedió durante mi segundo día en el festival. Había hecho muy buen tiempo, lucía un sol magnifico y como tantos otros del publico, yo estaba embelesado con el espectáculo.
“Algunas de las bandas parecía que tocaban durante toda la noche, así que daba igual la hora que te fueras a dormir, siempre había música cuando te despertabas.
“Había caravanas y puestos que vendían pescado con patatas fritas, perritos calientes, donuts, algodón de azúcar y todo de tipo de comida, de manera que el aire siempre estaba impregnado del olor de la tentadora comida haciéndote sentir que tenías hambre incluso cuando no la tenías.
“Nunca olvidaré la primera vez que le puse los ojos encima a mi mujer. Era la tarde noche del segundo día del festival, y de repente el mundo entero pareció detenerse cuando vi a esa preciosidad caminar por delante de mí. Tenía una belleza cautivadora. Tenía la cara de un ángel y una textura en la piel como la porcelana y unos brillantes mechones de cabello rubio cayéndole sobre los hombros. Durante unos instantes no podía oír la música ni las conversaciones de la gente que tenía a mi alrededor y me sentía literalmente como si me hubieran sacado el aire de los pulmones.
“Me di la vuelta para ver como se marchaba, y justo en ese instante me vi obligado a seguirla a donde fuera que se dirigiera, tened en cuenta de que yo no tenía ni idea de lo que iba a hacer cuando ella llegara a su destino; No era la clase de tipo que se sentía cómodo dirigiéndose hacia una chica para empezar una conversación, sobretodo a una chica tan guapa como ella. Pero algo me animó a hacerlo y pensé que se hiciera lo que Dios quisiera, así que continué siguiéndola.
“La manera en la que ella se movía entre la enorme multitud con tanta gracia y elegancia contrastaba con mis torpes intentos de perseguirla sin que lo notara. Perdía la cuenta de las veces que me tropecé con los cuerpos que se retorcían por el suelo, afortunadamente para mi, la mayor parte de ellos ni lo notaron debido al fragor del momento.
“Finalmente puede alcanzarla cuando estaba haciendo cola para comprar algodón de azúcar. Espere unos metros detrás suya, sintiéndome totalmente fuera de lugar y decepcionado conmigo mismo por no poder acercarme a ella. Encima, estando tan cerca. Sabía que si se giraba y me veía ya no podría seguirla sin asustarla, y eso lo ultimo que yo quería.
“Como si el destino estuviera de mi parte. Al girarse después de haber comprado el algodón de azúcar, una pareja joven que estaba hasta arriba de lo que fuera, se tropezó con ella y la mandaron volando en dirección mía. La escena podría haber terminado en desastre, pero logre cogerla y evitar que se cayera, aunque el algodón de azúcar acabó tirado en la hierba.
“La pareja que había provocado el accidente era totalmente ajena al mismo, y continuaron caminado por el campo haciendo eses y tropezándose el uno o con el otro.
“Jennifer estaba visiblemente molesta por la suerte de su dulce, pero una vez que yo la solté ella se dio la vuelta para agradecerme que evitase que se cayera. Hice un chiste sobre el no haber sido lo suficientemente rápido como para haber salvado su golosina también y ella se rió. Obviamente no iba a servir de nada perseguir a la pareja pues ellos ya se encontraban en el medio de todo el gentío, así que en lugar de eso me ofrecí a comprarle otro algodón de azúcar.
“Al principio me dijo que no podía aceptarlo, pero antes de que ella pudiera impedírmelo, yo ya tenía el dinero en el mostrador y había pedido el algodón de azúcar.
“Cuando le ofrecí el dulce por el palillo, Jennifer se inclinó y me dio un beso en la mejilla. Se que debí de ponerme rojo porque noté como me ardía la cara.”
“Es bueno saber que aun existen los caballeros”, dijo ella, intentando no reírse por mi reacción al besarme.
“Ambos nos presentamos y casi sin darme cuenta la guie hasta una zona del campo mucho mas tranquila donde pudiéramos sentarnos en un banco y hablar. Estaba desesperado por saber todo sobre ella; donde vivía, que cosas hacía, cual eran sus ambiciones, que hobbies tenía, y al final la bombardeé a preguntas durante tanto tiempo que cuando me volvía poner en pie, el sol ya se estaba ocultando en el horizonte.”.
“Por supuesto mientras tanto las bandas seguían tocando y el publico no quería que pararan, pero cuando Jennifer se puso la mano delante de la boca para bostezar, me di cuenta de que había monopolizado casi todo su tiempo, y no era justo tratar de mantenerla conmigo durante más tiempo.
“Lo malo era que a pesar de haber estado hablando durante tanto tiempo, aun no me atrevía a pedirle formalmente una cita. Apesadumbrado, recuerdo mascullar algo sobre dejar que volviera con sus amigas ya que estarían preocupadas por no saber de ella durante tanto rato. Pero para mi sorpresa, no digamos alegría, el grupo con el que ella había venido habían acordado ir cada uno a la suya en cuanto llegaran al festival y que de hecho ella no había visto a nadie de su grupo desde que llegaron.
Jonathan notó como se le empezaba a secar la garganta y tomó varios tragos de la cerveza para lubricarse la garganta.
“Aun así”, continuó el, por raro que parezca, todavía no sabía que excusa poner para seguir en la compañía de Jennifer.
“Recuerdo que hubo un momento de silencio muy extraño mientras yo trataba desesperadamente de pensar en que decir. Jennifer no ayudaba mucho, estaba sentada en la hierba mirando el campo, pensé que quizás quisiera comer algo.
“Al final le pregunté si tenía hambre, pero dijo que no. Entonces le pregunté si quería beber algo, pero también me dijo que no, decía que no tenía sed. Sentía que ella estaba perdiendo el interés por mí así que continué estrujándome el cerebro para pensar en que podía decir. al final cuando creí que todo estaba perdido, ella apoyó la cabeza en mi pecho y se acurrucó suavemente contra mi como si se fuera a dormir.”
“Decir que yo estaba sorprendido era decir poco. Recuerdo que me sentía atontado, como si me hubieran disparado un dardo tranquilizador, o algo así y durante unos instantes no podía mover ni un musculo para responder a la acción de Jennifer. Afortunadamente el efecto era temporal, y lentamente empecé rodearla con mis brazos hasta poder sujetarla correctamente.
“Estuvimos así durante siglos, fue algo maravilloso, y por mi, ese momento no hubiera acabado nunca. Pero anocheció completamente. Aunque estábamos aún a mitad del verano, se empezó a levantar viento, y Jennifer solo llevaba puesta una blusa, así que no pasó mucho rato hasta que la sentí tiritar entre mis brazos.
“Ahora suena ridículo, sobretodo dicho en voz alta, pero en ese momento y dadas las circunstancias, tenía miedo de que se rompiera la magia del momento y traté de ignorar el hecho de que ambos estábamos congelándonos de frio tratando de ignorar la sensación como si no fuera el caso.
“Pero, al final Jennifer ya no pudo soportarlo mas. Ella se apartó de mi y se cubrió los hombros con sus brazos, frotándolos vigorosamente para recuperar la circulación de la sangre. Por una decima de segundo pensé que iba a poner una excusa y que nunca volvería a verla. EL hecho de haber estado acurrados juntos no significaba nada en aquella época, en la que todo el mundo empezaba a ser más abierto con sus sentimientos y sobretodo las mujeres que le estaban perdiendo el miedo a que les pusieran la etiqueta de facilonas.
“Pero mis temores resultaron ser infundados”.
“Oye, no se tu”, empezó ella, “pero yo necesito algo más que tus brazos para mantenerme caliente esta noche”.
“Antes de que ni siquiera yo tuviera oportunidad de responder, ella me besó suavemente en la mejilla y se levantó del banco”.
“¿Por qué no vas y te traes algo para calentarnos?, sugirió ella. “Y nos vemos aquí después”.
“Eso les hubiera sonado a algunos como una manera educada de deshacerse de alguien”, una manera educada de buscar una excusa para marcharse y nunca volver. Pero miré a Jennifer a los ojos y de alguna manera vi que sus palabras eran sinceras, y que ella tenía la intención de mantener su promesa y volver al banco.
“Partimos en direcciones diferentes y en cinco minutos había cogido mi suéter y mi chaqueta de la tienda y estaba de vuelta en nuestro banco.
“Esperé lo que me pareció una eternidad, pero en realidad, probablemente no fue más de media hora, antes de ver a Jennifer reemerger de entre la multitud y dirigirse hacia mi, arropada con un suéter que le quedaba grande, un plumífero y una sonrisa resplandeciente en la cara.
“Pasamos la noche haciendo malabarismos para estar juntos en ese banco solitario, suficientemente apartado de la multitud para sentir que estábamos a solas, pero no demasiado lejos para poder escuchar la música procedente de los distintos escenarios diseminados por el campo.
“Yo nunca había creído en el amor a primera vista hasta esa noche. Por la mañana me sentí inundado de una emoción abrumadora, y antes de pudiera tratar de controlarme le expresé mi amor a Jennifer como un adolescente enamorado”-
“Jonathan miró a su audiencia tratando de deducir por sus expresiones si les estaba aburriendo hasta quedarse dormidos o no”.
A el le chocó que esta fuera la primera vez que compartía con un extraño recuerdos de su esposa, por no decir a un grupo de extraños, y sin embargo con que facilidad las palabras fluían a través de el.
Había tantas cosas maravillosas que podía contar sobre su esposa, cosas que el tanto anhelaba divulgar, pero el sabía que este no era ni el momento ni el lugar.
Los allí reunidos solo se habían quedado porque les había picado la curiosidad porque el decía que había oído su canción hacía muchos años, y por que el solo escucharla le provocaba terribles pesadillas. Pesadillas con las que el había tenido que vivir durante más de cincuenta años, pesadillas que eran demasiado terroríficas para contárselas a nadie.
¡Pero ahora parecía que había llegado la hora de hacerlo!
¿Cómo reaccionó Jennifer ante tal efusividad?, era la otra chica de la banda la que hacia esta pregunta.
Jonathan sonrió. “Afortunadamente para mí Jennifer no solo era increíblemente simpática, si no también era muy sensata, y me dijo clara y llanamente que, aunque se sentía atraída por mi, necesitaba conocerme más para enamorarse de mi”.
“¡Que mujer más sensata ¡”, observó Meryl, guiñándole el ojo con complicidad a su marido.
“Así era ella”, Jonathan asintió. “Era sensata, guapa, bondadosa, compasiva… describir sus virtudes sería un no parar. Pero desafortunadamente, la historia que os tengo que contar tiene muy poco que ver con la felicidad que mi esposa me trajo, y mas con el terror que tuve que sufrir a manos de otra persona.