6 Cuando volví a la oficina del albacea, me sentí aliviado al ver que Peterson había regresado. Eso significaba al menos que no tendría que esperarle yo solo junto a su antipática secretaria. “Peterson sonreía de oreja a oreja mientras me acompañaba a entrar a su despacho, disculpándose por el hecho de haber olvidado mencionar ayer por la noche antes de despedirnos que tenía esa cita esta mañana. Le aseguré que no tenía importancia y nos sentamos liquidando los últimos documentos que yo debía de firmar. “Una vez que hubimos acabado con la documentación, Peterson sugirió que usáramos su coche para llegar a mi nueva propiedad. Me explicó que las carreteras eran un poco difíciles de negociar para alguien que no estuviera acostumbrado a ellas, y me aseguró que era lo mejor para mi era el po

