El causante de las desgracias

1325 Words
SERAPHINA POV Mi mundo se vino abajo viendo escuché esas palabras. Los recuerdos que pasé con mi hermana. Con mis padres. Ya no me quedaba nada en la vida. Estaba sola, completamente sola. El dolor que sentía dentro de mi corazón no se lo deseo ni a mi peor enemigo. Era como que te clavaran un cuchillo en cada parte de tu cuerpo y lo retorcieran para producir más dolor. No puede ser… Víctor mi padre… Isadora mi madre… Celeste mi hermana… El nudo de mi garganta ni siquiera me dejaba respirar. —Por favor— le dije a la enfermera extendiendo a Cassian en sus brazos. Ahí me derrumbe. Grite, pateé. Me reventé por dentro. Una de las enfermeras se me acercó poniendo su mano en mi hombro. —No sé cómo se puede sentir este dolor que siente, señorita, pero lo siento de todo corazón— me frotó la espalda. Lloré en su pecho, no me importaba nada. No se cuantas veces le habrá dicho esta noticia a otras personas, pero lo que sí pude notar es que ella también estaba llorando conmigo.— aún quedan muchas cosas por las que vivir— me dijo entre lágrimas. —¿Cómo cuales?— le pregunté limpiándome las lágrimas de sangre que salían de mis ojos. —Como el bebé— fue como un balde de agua fría. Ella tenía razón. Le había hecho una promesa a mi hermana. No la podía defraudar. No cuando ella puso todas sus esperanza en mi. En la única persona que la podía ayudar. Me levanté con la enfermera del suelo. Respire mejor. Tratando de tranquilizarme en medio de esta tormenta. —Si quiere puede despedirse de su hermana en el quirófano— asentí. Camine lentamente hacia la sala. Esa que pasó cerrada todo el tiempo. Los pasos me pesaban como una tonelada. Mi cuerpo podía sentir que se aproximaba al precipicio. No quería ver esa imagen. No cuando ya había visto dos que me habían cambiado la vida. Y ahí la miré. En una camilla blanca. Con una sábana puesta hasta el pecho. Dejando al descubierto su rostro cansado de tanto luchar con la vida. Por los sueños que no pudo cumplir. La vida era muy injusta conmigo. Me quedé de piedra. Al sentir su mano fue una conexión inmediata. No saben el dolor que causa ver el rostro de una persona a la que jamás verás en la vida. A la que jamás escucharás su voz y menos su sonrisa. Mi pequeña hermana. Ahora como tu nombre, Celeste, te unirás a los colores del arcoíris y te veré en los días lluviosos y soleados. Prometiste ser mi madre y padre cuando los nuestros nos abandonaron. Y sí que lo fuiste, mi pequeña guerrera, fuiste más que eso. Cuando tenía frío, eras tú quien me abrigabas. Cuando tenía hambre, tú eras quien me alimentaba, cuando tuve miedo, tú eras quien me daba valentía. Y ahora estás acá. Postrada en una cama donde jamás verás a tu pequeño Cassian. Pero sé que donde estés y con quien estés, lo podrás ver. Ahora te prometo que cumpliré mi promesa. Cuídate de este bebé como si ha salido de mi vientre. Jamás dejaré que le pase nada malo. Lo haré por el amor que nos unió, por ese que nos mantuvo fuertes en medio de la tormenta. Le di un beso en la frente: —TE AMO— una lágrima cayó sobre su rostro. Estaba como siempre de hermosa. La hermana más hermosa del mundo, la madre más hermosa, la hija más hermosa. Un grito resonó por toda la sala. Era Cassian que estaba llorando. Estaba recordándome que habían personas por las que salir adelante en esta vida. Porque si la vida te da limones, pues aprenderé a hacer limonada. Camine hacia Cassian para tomarlo entre mis brazos. El reto apenas empezaba. No tengo idea de cómo ser una madre, pero si me dieron el ejemplo que una madre no abandona. Una madre ama sin condiciones, una madre es una leona con sus bebé. Porque ese mismo ejemplo lo viví con mi madre que en paz descanse. La enfermera terminó de ponerle la sábana en el rostro de mi hermana. Salimos de la sala. Cassian se calmó al instante que sintió mis manos. Pareciera que él sabe quien lo está cargando. Ahora comenzaba mi nueva vida. Una en donde tenía los sueños y las esperanzas de una madre que no pudo ver a su bebé. * UN AÑO DESPUÉS Si, ha pasado un año desde la partida de mi hermana. Aún me duele, es un dolor que aprendemos a convivir, que nunca se va, pero que día a día hay un motivo para sonreír. Cassian estaba terminando de tomarse su leche. Tenía el cabello n***o, ondulado, era un bebé tan hermoso que ahora me siento dichosa al saber que es sangre de mi sangre, carne de mi carne. —¿Ya te la terminaste, mi amor?— le pregunté acariciando su pelo sedoso— Eres un niño glotón. Él hizo un pequeño sonido con su boca. Era un niño alegre. El era mi alegría. Es mi felicidad. Hace que mis días sean más livianos enseñándome su encía. Le puse la colchita sobre su cuerpo. Estaba cerrando los ojos poco a poco indicándome que el sueño lo estaba venciendo. Le hice caricias en su panza. Eso le encantaba hasta que lo dejé profundo. Ahora era mi momento de ponerme a trabajar en la computadora. Justo cuando me voy a sentar con mi vaso de leche y galletas. La puerta suena. ¿Quién será a estas horas? Que yo sepa nadie me visita y menos he pedido algo para comer. Me dirigí a la puerta antes que despertaran a Cassian. —¡Ya voy, ya voy!— dije al momento que abro la puerta. Wow… Alto, musculoso, cabello ondulado y desordenado. Mandíbula pronunciada, ojos grises, vestido de n***o, de los pies a la cabeza. Jamás había visto un hombre tan guapo de cerca. Parpadee un par de veces para saber si estaba alucinando, pero después de hacerlo el tipo seguía parado ahí. —Eres Seraphina Vale, ¿cierto?— preguntó dudando. Desde ahí ya me parecía muy raro este tipo. —Si, soy yo, ¿Cómo es que sabes mi nombre y yo no sé el tuyo?— le preguntó frunciendo el ceño. El esboza una pequeña sonrisa falsa. —Mi nombre es Dorian Thorne, un gusto— extendió su mano, pero aún no conectaba ni su nombre ni su apellido.— Hermano mayor de Lucien Thorne— y ahí fue donde me acordé de todo. Al instante intenté cerrarle la puerta en su propia cara, pero él la detuvo con su mano firme y fuerte. —Es mejor que te largues, tu apellido es un asco al igual que cada uno de sus integrantes— intenté cerrar, pero él era más fuerte evidentemente. —Pero que mala educación te han dado, es mejor que no hagas eso o podrían haber consecuencias muy graves— intenté cerrar. —Eres más descarado de lo que imaginé, no solo vienes como si nada a mi casa, sino que también vienes con amenazas— el sonrío de forma burlesca. —No es una amenaza, solo es un consejo, pero…— se descuidó un momento y cerré la puerta de golpe. Parece que lo había prensado un poco porque escuché como se quejó del dolor— ¡Rayos! Sabes que podría demandarte por lo que acabas de hacer— dijo, pero yo lo ignoré.— vamos abre de una vez por todas. ¿o es que tienes miedo?— no caería en sus provocaciones.— no, no creo que tengas miedo, ya lo has demostrado— se rio— seguro no me quieres abrir porque debes de tener algún amante dentro y acabo de interrumpir su fogoso momento. Empuñé mis manos. Quería abrir la puerta para ahorcarlo.
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