Majo sintió un cálido estremecimiento, su estómago se encogió. «Quítame los malos pensamientos» imploró a la virgen. —Claro —contestó, pero se le notaba tensa, casi no podía caminar con soltura, las escenas eróticas de su sueño aparecían a cada instante y su ropa interior se humedeció, pero no era la única, de nuevo Salvador al sentir la cercanía de ella, sintió como su m*****o se hinchaba, le pareció verla desnuda como en sus sueños, y percibió mucho calor. —¿Qué ocurre? —preguntó y notó como él la devoraba con los ojos. Salvador se aclaró la garganta. —Ya pedí que investigaran a Simone, espero tener ese informe mañana mismo —comunicó—, me mantuve atento a ver los movimientos de esa mujer, pero pasó encerrada en la suite, le llevaron las comidas a la habitación —indicó sin dejar d

