—Gracias, pero no puedo salir de la piscina, mis papás me pidieron quedarme aquí. Simone frunció los labios. —Pero Juan Andrés y yo… somos muy buenos amigos, te aseguro que no se va a enojar. —Sonrió. El pequeño dudó, se quedó pensativo, pero recordó las advertencias de su madre, entonces negó. —No me gusta desobedecerlos. —Se lanzó al agua y nadó hasta llegar al lugar en donde estaban otros niños. Simone apretó los puños, no pudo hacer nada, había guardias alrededor, y de inmediato hubieran notado que se llevaba al niño a la fuerza. «Ya encontraré la forma de recuperarte» Entonces se alejó, con el ceño fruncido, y decidió subir a la oficina de Paula, y reclamarle por la travesura de Marypaz. «Hija tuya tenía que ser esa mocosa impertinente» gruñó en el elevador, apretando l

