—¡Nada que a ti te interese! —refutó Karla, le guiñó un ojo a su primo, y salió de la habitación de Emiliano como si nada. Miguel no hizo más preguntas, la vida privada de su prima era eso: privada, pero la espina de la duda se le quedó en la mente. —Hola Emiliano, me da gusto verte despierto —comentó con sinceridad Juan Miguel. —¿Cómo estás? —Siento que volví a nacer y te quiero agradecer por eso, por no dejarme morir, y salvar mi vida —respondió también con sinceridad. —Estamos a mano —manifestó Miguel—, tú salvaste a mis hijos a Lu, yo no tenía como agradecerte, pero ahora la deuda ha quedado saldada. —Así es, pero me gustaría pagarte los gastos, no sé como, pero déjame hacerlo. Miguel inspiró profundo, lo miró a los ojos. —Ayúdame a proteger a mi familia, y a encontrar al

