Hasta que finalmente la puerta se abre, podré limpiar el misterioso y cuidado dormitorio del joven del que tanto hablan y aún no conozco. Las circunstancias de la vida me han colocado en esta posición, no es que piense que limpiar casas no sea un oficio digno, pero la verdad es que hubiera deseado poder hacer otras cosas.
—Entra muchacha, te voy a explicar cómo harás las cosas aquí dentro— invita el señor Harris.
—De acuerdo señor— contesto mientras tomo la escoba para iniciar barriendo el lugar.
Al cruzar la puerta, a simple vista puedo ver todo perfectamente normal, un dormitorio con una cama de buen tamaño, cubierta con sábanas blancas y una manta azul, un escritorio con su silla particularmente lleno de papeles y lápices, un desorden enorme según mi vista. Lo primero que llama mi atención y decido organizar son esos papeles, dejo la escoba cerca de la pared y decido recoger el escritorio para luego llegar a desempolvarlo.
—¡No toques eso! — exclama el señor Harris.
Sorprendida por aquella expresión dejo caer unos papeles, tropiezo con la silla y la muevo de lugar, resbalo, pero por suerte me sostengo con el escritorio y no caigo al suelo.
—Lo lamento, pensé en organizar un poco para recoger el escritorio— contesto preocupado.
—Está bien, por favor, no hagas nada sin primero recibir instrucciones, es muy importante dejar todo como lo encontramos para respetar el orden que tienen las cosas— aconseja el señor.
En seguida recoge los papeles que deje caer y los intenta colocar como estaban. Se le nota muy agitado porque moví esas cosas, podría decir que está algo disgustado.
—Ustedes los jóvenes no son buenos recibiendo instrucciones. No puedes moverte ni un centímetro sin mi instrucción. Debes esperar para actuar, harás cada cosa según te explique, por favor, te lo ruego, déjate guiar de mí— suplica el señor.
—Lo siento, haré las cosas como usted diga, necesito el trabajo, mi madre y yo sólo dependemos de esto— le suplico.
Me compongo y regreso la escoba a mi mano, como si fuera un militar siendo la escoba mi arma de fuego. Aguardo paralizada para recibir las instrucciones del siguiente movimiento. Veo que el señor Harris regresa la silla a su lugar e intenta dejar el mismo desorden que encontramos. Intento respirar, nunca pensé que limpiar fuera tan difícil, es mucha presión la que siento en estos momentos, pero quizás conforme pasen los días las cosas no sean tan difíciles.
—Es sencillo. Toma la escoba, barre por todo el lugar sin romper nada, sin mover las cosas de su lugar y cuidando no alterar nada. Mi nieto es muy detallista y minucioso con sus cosas— instruye.
Asiento con mi cabeza y hago exactamente lo indicado, con mucho cuidado barro el lugar y trato de no mover nada. Mientras hago esta labor, noto algunos objetos para los que no conozco su utilidad, pero se ven hechos a mano o al menos modificados. No pregunto por ellos, no estoy aquí para investigar, pero estoy empezando a sospechar que el nieto es una especie de inventor o persona muy diestra con sus manos. Me atrevo a pensar que él ha construido o modificado muchas de estas cosas.
—Bien, ahora puedes usar el trapeador húmedo para limpiar bien, pero no mojes demasiado, podría caer algún papel al suelo y dañarse. Es importante conservar todo tal cual lo encontramos porque así mi nieto no andará perdido en su propio dormitorio— explica mientras sonríe.
Me pregunto en mis adentros “¿Cómo alguien podría perderse en su propio dormitorio?”. No me atrevo a hablar, pero el señor Peter Harris empieza a parecerme paranoico con esto del orden. Como me fue indicado, busco las cosas de limpiar en un pequeño cuarto para limpieza que está en el pasillo y según instrucciones del señor tengo acceso a él. Tomo el trapeador húmedo, con poca agua, limpio el piso con él intentando no mover nada y teniendo mucho cuidado.
—Ahora que has finalizado, puedes limpiar el baño. No uses muchos químicos, sólo limítate a limpiarlo con lo básico y por favor, no muevas ningún objeto de lugar— instruye el señor.
Justo como me fue indicado paso al baño con detergentes básicos para limpiar. Procedo a higienizar y desinfectar sin alterar el lugar en el que las cosas están colocadas. Mientras hago mis labores, los ojos del señor Harris no cesan de mirarme ni para pestañar.
—Tu madre te educó muy bien, veo que haces las cosas justo cómo ella ¡Qué bueno es ver que hay esperanza para la humanidad! Una hija que es orgullo para su madre. Al principio parece que repito mucho las cosas, pero es con la intención de que con la repetición logres memorizar mis palabras— intenta elogiarme con esas palabras y explica su conducta.
—Gracias señor, intento no dejarla en vergüenza. No se preocupe, comprendo porque me dice una y otra vez las cosas, sólo quiere que entienda con claridad y aprenda— respondo.
Terminamos en el dormitorio y vamos por las siguientes áreas. Al llegar al dormitorio de Vlad Harris y su esposa, el señor no me instruye nada especial, sólo me dice que limpie y cuando esté lista vaya a la cocina para encontrarme con él.
En este dormitorio no hay muchas cosas, pero algunas llaman mi atención. Barriendo encuentro una pantaleta que parece tener sólo un hilo para modelar sensualmente. Por un momento no sé qué hacer porque pienso en dejarlo donde lo vi o llevarlo a la ropa sucia, pero opto por dejarlo no sea que me acusen de algo por moverlo de lugar.
Mientras desempolvo veo muchos zapatos tirados en una esquina, por lo que decido llevarlos al closet para organizarlos. Dentro observo muchas prendas de vestir para mujer de uso exclusivamente s****l. Coloco los zapatos y salgo rápido de ahí.
Limpio todo lo más que puedo y dejo ese dormitorio. Decido guardar los utensilios de limpieza donde me fue indicado y de paso veo esas puertas entre cada habitación que no me han explicado para qué son, pero llaman mi atención.
Por unos minutos debato entre si abro o no una de esas puertas, hasta que gana la curiosidad y tomo la decisión de husmear. Al abrir mis ojos no conocen lo que veo, pareciera ser un pasadizo secreto, túneles o escondites dentro de la casa. Me asusta la idea de entrar y no salir, por lo que rápidamente cierro la puerta antes de que alguien me descubra.
Voy a la cocina y allí está el amable anciano. Me invita a cocinar y acepto, pues siempre supe que era parte de mis labores allí, aunque no lo haría todos los días.
—No tengo que decirte cómo cocinar, tu madre es excelente cocinera y sé que te enseñó, así que sólo debo indicarte donde colocamos las cosas en esta cocina y tu misma puedes servirte— comenta el señor Harris.
Mientras me indica donde están las cosas para cocinar, escucho la puerta abrirse. Mis oídos pueden escuchar pequeños golpes en cada paso que da la persona que ha llegado, como si chocara con las cosas al pasar.
Volteo para ver y ahí está ¡Es el ciego que me golpeó está mañana mientras se hacía tarde y me dejo el autobús! Su bastón es el que toca las cosas para dirigir su camino. Me pregunto qué hará él aquí.