El aire de la madrugada era más frío de lo habitual. Tracy había pasado la noche en vela, rodeada de bocetos incompletos, telas arrugadas en el suelo y un silencio denso que parecía aplastarle el pecho. No sabía si era insomnio, ansiedad o simplemente esa costumbre de no poder estar en paz consigo misma. Se levantó de la silla con movimientos lentos, recogió algunos papeles y, sin pensarlo demasiado, los rompió en pequeños pedazos. La sensación de destrucción era casi catártica, como si así pudiera deshacerse de todo lo que le pesaba. —Siempre igual… —susurró con un dejo de frustración, dejándose caer en el sofá. Su madre se despertó más temprano de lo habitual. Entró en la sala y la encontró ahí, rodeada de restos de papel como si fuese el escenario de una tormenta silenciosa. —¿Otra

