Llevaba aproximadamente unas tres botellas, el lugar se encontraba lleno de personas y aromas extraños, algunos vestían prendas oscuras, otros simplemente no tenían nada, nunca había escuchado de este lugar, "El paraíso".
Mi cuerpo estaba bastante tonto, así que intente levantarme unas cuantas veces, compraría una noche con un gigoló de este club, no le daría mi virtud a mi futuro esposo, al contrario, sería la deshonra de ambas familias, ese sería su castigo, nadie tenia porque hacerme sufrir semejante atrocidad, había soñado con casarme, pero no de esta manera, mi padre había sobrepasado los límites.
Me levanté dando tumbos por el sitio, hasta que tropecé con una enorme espalda tonificada, su rico aroma inundó mis fosas nasales, este definitivamente era el candidato.
—Te pagaré lo que me pidas, si me regalas una noche contigo—dije mientras hipeaba, el hombre comenzó a reír, pero aún seguía de espalda, cosa que no hizo más que encender mi furia ¿que se había creído este miserable?
—¿Qué te causa tanta gracia? ¿Acaso no eres hombre? Si trabajas en este lugar no creo que tengas mucha moral, así que haga su trabajo, te pagare muy bien.
Eso fue todo lo que tuve que decir para llamar su atención, no pude distinguir bien su cara, estaba demasiado borracha, sentí su lengua entrando en mi boca, su sabor me domino, haciéndome perder toda la cordura, jamas pensé que mi cuerpo cediera tan rapido
Mi cabeza dolía horrible ¿qué había ocurrido? Intente moverme, pero algo estaba ocupando el otro lado de mi cama, me desperté rápidamente, solo para darme cuenta de que no estaba en mi cama, y que había dormido con un hombre, no podía ver bien su cara, si me movía tenía miedo de despertarlo.
Como pude salí de la cama, pero un dolor en el vientre me hizo recordar leves imágenes de anoche, mi cuerpo sobre el suyo, su boca recorriéndome el alma, sus manos llevándose mi niñez, ¿qué había hecho? ¿En que me habia metido?
Busque mi ropa por todo el lugar, hasta que la vi a un lado de la habitación, camine sin hacer ruidos, vistiéndome rápidamente, tome dinero de mi bolso, no sabía cuanto costaba un servicio de esta magnitud, así que tome todo lo que tenía, únicamente dejando algunos billetes para el taxi.
Coloque el dinero en la cama, pero en el primer billete escribí lo siento con mi pinta labios, esa era la verdad sentía mucho todo lo que había pasado, estaba a punto de marcharme cuando él rodó por la cama dejándome ver una hermosa rosa tatuada en un costado de su cuerpo, no pude admirarlo más porque empezó a despertarse, así que este era el momento de huir.
Llegué a mi casa pasada las nueve, mi padre estaba hecho un energúmeno, había pagado su rabia con mi madre, la mire con lástima, pero no era yo quien debía defenderla, era ella quien debía salvarse y venir a mí.
—¿Dónde estabas?—grito furioso, ni siquiera me detuve.
—Por el mundo, viviendo lo poco que me queda de mi soltería
No logre escuchar lo que decía, me encerré en mi habitación, luego de darme una ducha dormí todo el día y toda la noche, me desperté al día siguiente cuando el sonido de mi teléfono logro reanimarme, como pude logre contestar era marina, había olvidado la floristería
—Marina perdón, me quede dormida, dame veinte minutos y estoy allá.
—Sam, San debes venir ¡Se está quemando!
—¿De qué hablas? ¿Qué se quema?
—¡La floristería!
No supe como llegue tan rápido, pero en diez minutos me encontraba a las afueras de mi pequeño sueño, viéndolo arder, grite y llore muchísimo, mientras marina me abrazaba, mi vida estaba arruinada, debía casarme con un desconocido, para completar mi pequeño refugio, mi esfuerzo se había consumido en las llamas del infierno, pero estaba segura de que este había sido mi castigo por hacerle frente al gran Maximus.
Luego de tres horas, el fuego por fin fue controlado, no había quedado nada del lugar.
—Señorita al parecer el fuego empezó en la brequera, fue un circuito, lo sentimos muchos
—Créame más lo siento yo.
Entre al lugar, aún se sentía la alta temperatura, todo por lo que había luchado se había ido, todo lo que había soñado estaba hecho cenizas.
—Pagarás muy caro papá, eso te lo juro.
Lleve a Marina a su casa, no sin antes llorar abrazadas un rato, prometimos vernos nuevamente, pero sabía que eso sería imposible.
Quise conducir a casa, pero en una luz roja, una imagen vino a mi mente, la hermosa rosa de aquel hombre, así que otra brillante o tonta idea cruzo por mi mente ni siquiera tuve que pensarlo.
Llegue al centro comercial y entre a la tienda de tatoo, quería tatuar aquella rosa en mi piel, ese era mi nuevo comienzo.
—¡Buenas tardes! Quisiera tatuarme.
—hola ¿Es tu primera vez? ¿Qué te gustaría?
—Quiero una rosa, si me permites papel y lápiz podría dibujarla.
El chico me sonrió entregándome lo que le había pedido, tarde solo diez minutos en plasmar el diseño en la hoja, había quedado perfecta, tal y como la había visto.
Me había enterado de que el dueño del local se llamaba Sean, tenía aproximadamente ochenta tatuajes, gracias a su plática pude aguantar un poco el dolor, decidí hacer la rosa en un costado de mi cuerpo, quería llevar la imagen de aquel hombre en mí, quería que me recordaba todo lo que venía.
—Listo, recuerda no quitarte el plástico y lavar únicamente con jabón neutro, cualquier cosa regresa aquí.
—Muchas gracias Sean.
—Es un placer Sami, Recuerda lavarlo bien, eso ya es para toda la vida.
Salí del local con lágrimas en mis ojos, dolía mucho, pero creo que más me dolía el corazón, mi vida cambiaría y estaba segura de que aún no había empezado a vivir el verdadero infierno, dentro de dos días me casaría con un hombre al que no conocía, dentro de dos días mis sueños de ser una arquitecta reconocida morirían.