El sol nos estaba quemando la cara, cuando intente moverme todo el cuerpo me dolía, arrugue la frente, tenía tortícolis y casi no podía mover el cuello. —Ya no podemos hacer esto— susurre, intentando sentarme, lo escuché reírse. —¿De qué te ríes? — lo mire sobre mi hombro, apoyó su cabeza en su palma, algunos mechones de cabello le caían por la cara. —Yo dormí muy bien— sonrió mostrándome sus dientes. —Ja, Ja, Ja, que gracioso— me puse las manos en el cuello para masajeármelo. Me dolía horrible. —¿Necesitas un masaje? —dije que sí con la cabeza. —No me vendría bien y un café— él se arrodillo detrás de mí para masajearme el cuello y los hombros, jadee un poco al sentirlo tan bien. —Es solo un masaje— me susurro en la oreja, toda la cara se me calentó— vamos, voy a hacerte caf

