Leia No quería dejar de besarlo por nada en el mundo, sentir su mano caliente sobre mi mejilla, sus labios sobre los míos y nuestros cuerpos tan cerca, era tener un pedacito de cielo en la tierra, mi pedacito de cielo, solo para mí. Se me escapo una sonrisa. –¿De qué te ríes? – dijo sus labios aun sobre los míos. –Estaba pensando en lo bien que se siente tenerte cerca. – nuestras manos seguían unidas por alguna extraña razón y no quería por nada del mundo soltarlo. Irme de su lado. –¿Cómo te sientes? –Ahora estoy perfecto– me aleje un poco para poder mirarlo. –Es enserio. – sonrío. –En algún momento se me ira la morfina y ahí entonces me preguntas cómo estoy, ahora solo quiero besarte y nada más. –En eso puedo ayudarte– sonreí y acorté la distancia entre nuestras bocas.

