–Por favor, no cuelgues– su voz fue como si estuviera al punto de rogar. Respiré hondo antes de volver a hablar. –¿Qué quieres? –Hemos recibido una propuesta... la mejor si tengo que describirlo. –¿De qué hablas? – me detuve antes de subirme a mi coche. –Que un periódico en Londres ha seleccionado a nuestra revista para que vayamos dos años allá y trabajar con ellos, quieren que hagamos una serie de reportajes sobre política, para atraer público joven a este mercado... –Deje de escuchar, Londres, durante unos dos años, todos juntos. Esas seis palabras se repetían en mi cabeza, mientras Sebas seguía hablando, todos viviendo bajo un mismo techo. Mi mente se llenó de todos aquellos recuerdos, de los cuatro años que estuve con ellos, todos los sueños que teníamos sobre este proyecto, q

