Capítulo 7

2068 Words
Fue perfecto, eso que acabamos de hacer, de experimentar, la vergüenza se había ido a dar un paseo mientras estuvimos tocándonos bajo el agua y después de eso, al quedarnos allí, yo con los pechos al aire, listos para lo que quisiera hacer con ellos. Me mordí el labio mientras lo veía ponerse los pantalones, unos pantalones que caían demasiado bajos, me quedé observando sus tatuajes en los brazos, cada uno de ellos era perfecto, entonces lo vi, casi tan pequeño como una uva, en su brazo derecho llevaba el símbolo de la rebelión de Star Wars, algo que se relacionaba directamente con mi nombre. Sonriendo me acerque a él y trace la tinta con mis uñas. —No sabía que eras fan de Star Wars— le dije coquetamente. Puso su mano sobre la mía, la que tenía sobre su piel. —Tuve mucho tiempo libre y me hice un largo maratón para saber porque el personaje de Leia era tan especial. — lo bese, sin pensarlo, solo dejándome llevar. Nos mantuvimos en silencio la mitad del camino de regreso a casa, paramos para que yo descansara, tomara agua y comiera algo. Seguía con las rodillas temblorosas y si recordaba lo que habíamos hecho dentro del agua toda la cara se me ponía colorada. —Deja de sonrojarte— me apartó el cabello húmedo de la cara, sonreí tímidamente, me toco la mejilla y me hizo mirarlo a los ojos— o cuando llegues a casa todos van a pensar que lo hicimos— me beso antes de que pudiera decirle algo. Cerré los ojos y me dejé llevar por el calor de sus labios, envolviendo mis manos a su alrededor, quería que el mundo se detuviera en aquel perfecto momento. —Si sigues besándome así, no voy a dejar de sonrojarme. —Pues intentaré controlarme— susurro, pero nos volvimos a besar. Era todo lo que siempre quise, estar con él, que me besara y tocara de esa forma, impregnarme de su olor. —Es hora de volver, antes que se haga de noche— asentí atontada, entrelazo sus dedos con los míos. Caminamos tomados de la mano hasta que vimos la casa al fondo del camino, me solté de su agarre. —Eh… los demás llegan mañana. — él me miró extraño, su rostro había cambiado en cuestión de segundos— papá y la tía Laly quieren hacer una cena donde hablaran con la abuela para hacerla entrar en razón. —¿Por qué? —se cruzó de brazos, con el ceño fruncido. —Porque ellos quieren que ella se vaya a vivir con ellos, no quieren que esté aquí sola. —Pero yo la cuido— parecía un poco molesto. —Lo sé, por eso te lo cuento, para que no te tome por sorpresa. Ellos creen que ella estará mejor si está cerca de todos, ahora que está enferma. —Lo entiendo, gracias por decirme. —De nada— lo abrace y le tomó unos segundos antes de que me devolviera el abrazo— no te sientas mal. —Está bien, posiblemente sea lo mejor. —permanecimos abrazados por un largo rato, no quería dejarlo ir. —¿Puedo ir a verte esta noche? — acomode mi cabeza en la curva de su cuello. —Claro que sí. — sonreí sin mostrar los dientes, nos besamos una última vez, antes de dejarnos ir. Después de la cena nos sentamos en la terraza a tomar café y a escuchar historias de la abuela, de sus años de juventud, de las travesuras que hacía, yo estaba usando a mis hermanos de almohada, con las piernas extendidas, casualmente, junto a Martin, quien cuando se movía me tocaba los pies y sentía una corriente que me subía hasta las mejillas. Mi abuela estaba sentada en el sofá junto a papá que ponía los ojos en blanco cuando su madre contaba cosas de él. De lo tranquilo que era cuando niño, todo lo contrario a lo que era ella. —Sí hice algo malo— se defendió él. —¿En serio? —Lucas lo miró con los ojos abiertos y las mejillas rojas. —No debería de contar esto, porque las demás implicadas no están presentes. —Papá, cuenta— le pedí, se encogió de hombros y miró con cautela el interior de su taza. —Una vez salí de casa, su madre— me señaló a mí y a Dan— me sacó de la casa una vez que Laly y yo estábamos solos, también me la lleve a ella, no tenía ni 15 años. —La abuela abrió la boca, pero no parecía enojada. —¿En serio?— en vez de estar enojada parecía que le divertía. —Sí, nos llevó a un bar. Laly se dio la borrachera de su vida. —Y yo que pensaba que nunca habían hecho nada malo— la abuela suspiró satisfecha. —aunque eso no es para tanto. —Lo era para mí, Laly se puso tan ebria, estaba tan asustado — sonrió con nostalgia, me encantaba ver a mi padre sonreír, porque cuando lo hacía el mundo entero se detenía en su rostro, los ojos le brillaban y esas pequeñas arrugas alrededor de sus ojos eran perfectas. —Luego Isabel…— se quedó serio de repente. —¿Ella qué?— le pregunté. —Nada— negó con la cabeza y cambió el tema. …. Un mes antes de cumplir 15 años Martin fue a visitarme a la ciudad, antes de que su madre muriera, yo me escapé del colegio, mejor dicho, no fui, llevaba ropa en mi mochila, ahorre por semanas el dinero de mi merienda, porque quería llevarlo a varios lugares, ya que era su primera vez en la ciudad, yo estaba tan emocionada. Me cambié el uniforme en un baño público y fui a esperarlo en la estación, soñaba con que ese fuera el día en que al fin me confesaría todo lo que sentía por mí. Me maquillé ligeramente, me solté el cabello. Cuando lo vi bajarse del autobús casi me da un infarto, llevaba una camisa de cuadros blancos con negros abierta, debajo una camiseta blanca, unos jeans negros y esas converse negras que le había regalo por su cumpleaños, yo llevaba las mías ese día, que eran iguales a las de él, se había cortado un poco el cabello, lo traía sobre los hombros sueltos. Era la primera vez que nos veíamos en otro lugar, que se sintió que él no era producto de mi imaginación. Me lancé a sus brazos tan pronto como pude, olía a colonia y a jabón. Quería besarlo allí mismo, las ganas no me faltaban, pero él solo me beso en la mejilla y me tomó de la mano. Le mostré algunos parques a los que solía ir después de clases a pasar el rato leyendo o con algunos amigos de la escuela, visitamos mi cafetería preferida y él odio el frappuccino de caramelo que pedí, luego lo lleve a conocer la ciudad colonial, a ver el Malecón, estuvimos allí por horas, lo lleve a comer a mi lugar preferido, quería que él conociera las cosas que solía hacer cuando estaba en la ciudad, estuvimos hablando por horas de cosas sin sentido, de los planes que teníamos para el futuro, yo ya sabía lo que quería estudiar en la universidad, a lo que me quería dedicar: a contar historias, a informarle al mundo lo que estaba pasando allí afuera realmente, quería viajar, entrevistas a toda clase de persona. Él me escuchó muy atento a todo lo que le decía. Quería que aquel día no acabara nunca, en la tarde lo lleve al cine y estuvimos bromeando toda la película, al punto de que casi nos sacan de la sala por hacer ruido, nos tiramos muchísimas fotos con mi cámara instantánea, inmortalizando aquel día para siempre. Cuando salimos del cine ya era de noche por lo que lo invité a quedarse a dormir conmigo. Hice todo un plan para poder meterlo en la casa y que nadie lo viera, por suerte, nadie informó en la escuela de mi ausencia y cuando llegué a casa mis padres no habían llegado, solo estaba mi hermano y Julia, la señora que nos cuidaba. Esperé que Julia se marchara para escribirle que podía entrar a la casa, lo encerré en mi habitación para que Dan no lo viera y cuando mis padres llegaron les dije que me iba a hacer tareas a mi habitación. Cerré con seguro y puse algo de música para que nuestras voces quedaron amortiguadas, pasamos casi toda la noche susurrándonos cosas, luego él se sacó un anillo de su bolsillo y me lo puso en el dedo, me hizo prometerle que siempre nos tendríamos el uno al otro, que no íbamos a dejar que nada nos separara, que nada ni nadie se interpondría entre nosotros. Jure que aquello era mejor que una declaración de amor, porque sabía que después de ese momento, estaríamos juntos siempre, aunque nunca nos besáramos. Fue el mejor regalo de cumpleaños que tuve. Dormimos en los brazos del otro, con mi cabeza apoyada en su hombro, esa fue la primera vez que se despertó teniendo una erección en mi presencia, estuvo tan avergonzado todo el resto del día. Que no me dio un beso cuando se despidió de mí. Me quedé destrozada al verlo partir y saber que pasarían meses antes de que volviéramos a estar juntos. … A medianoche mi padre no se había ido a dormir, continuaba sentado en el patio viendo las estrellas, yo fui a ver qué le pasaba, porque lo sentía tan distraído y pensativo esos días, me asustaba que algo malo le fuera a pasar. —No me pasa nada, cariño. Solo estoy un poco nostálgico, recordando cosas del pasado. — me subí sobre su regazo como cuando era niña, para que él me abrazara. —Cuéntamelo, lo que te tiene nostálgico. —me pasó sus brazos sobre mi cintura, mientras yo apoyaba mi cabeza en su pecho. —Es solo que me estoy poniendo viejo, el tiempo pasa tan rápido, mírate a ti, lo adulta e independiente que eres, Lucas se irá a vivir a otro país. Nuestra familia estará separada otra vez. —Siempre tuve la puerta abierta para que me fueras a ver. —Lo sé, pero todos entendíamos que tenías que pasar por este proceso sola, que era hora de que te volvieras una adulta. Que te soltáramos un poco, siempre estuviste tan sobreprotegida. —No sé cuántas veces quise renunciar a todo y coger el primer avión a casa, a tus brazos. A los de mamá. —Por esa misma razón no fuimos a verte, porque no íbamos a dejarte allá. —ambos nos reímos a carcajadas. —Te amo— le susurré, él me beso en el cabello y escuche como lloraba— ¿papá?—levante la cabeza para mirarlo— ¿Está todo bien? — me estaba empezando a preocupar. —Sí, cariño— asintió, le limpié las mejillas— ya te dije que es que estoy nostálgico, solo que uno no deja de extrañar ciertas cosas, aunque el tiempo pase, no siempre el tiempo cura las heridas. —puse mi frente contra la de él. —será mejor que me vaya a dormir, sé que quieres escaparte para ir a verlo— me aleje tan rápido como pude. –—Papá! — exclamé, sentí como todo el cuerpo se me ponía rojo. —Cariño, ya acepté que no eres una niña. Me dolió, pero lo acepté. Solo protégete. — Todo mi rostro tendría que verse como un tomate. —¡Ay! Papá. — me puse en pie— no estoy teniendo sexo— lleve mi vista a otra parte. —puedes estar tranquilo. Además, mamá me dio una larga charla hace tiempo. —¿Por qué? — me abrazo nuevamente— a esa edad yo tenía mucho sexo con tu madre. —apreté los ojos al escuchar su risa. —No voy a poder borrar esa imagen de mi cabeza, muchas gracias— me beso en la frente y me soltó. —Ve, no voy a darte un sermón. Confío en ti y quiero que vivas todas las cosas que yo no hice. —Gracias.— le di un último beso antes de bajarme de su regazo.
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