Sofía había pasado mucho tiempo en su habitación cuando le fueron a avisar que su padre requería de su presencia, de nuevo la amargura se instaló en la boca de su estómago provocando que por más que se esforzará en cambiar el gesto en su cara, su ceño se mantuviese fruncido, se alisó la falda del vestido y con paso suave, pero distinguido se dirigió hacia donde le indicara la empleada esperaba su padre, que no era otro lugar que su despacho. El gabinete oscuro, a pesar de la luz que entra por las ventanas, pero que los muebles oscuros no multiplican le hacía sentir escalofríos, el aroma del duque golpeó sus sentidos mareándola de pronto cuando entro al despacho, Emiliano solo tuvo que dar un par de zancadas para ir en su auxilio ofreciendo su brazo para un mejor equilibrio y soporte, gest

